Esta actuación pertenece al concierto que dio Mecano en Barcelona en 1991. (Cruz de Navajas)
jueves, 14 de julio de 2011
Cruz de Navajas (Versión extendida - VI- última parte)
Esta actuación pertenece al concierto que dio Mecano en Barcelona en 1991. (Cruz de Navajas)
jueves, 16 de junio de 2011
Cruz de Navajas - (Versión extendida V)
Mario entró a oscuras al dormitorio, se quitó la camiseta, se acercó a la cama y le acarició el hombro desnudo a María.—Te gusta desayunar conmigo, ¿no? Además, ya sabes qué día es hoy, ¿no?
—No, ¿qué día es hoy? -preguntó incorporándose.
—¿Qué es? —preguntó Mario emocionado, moviendo la caja, tratando de averiguar lo que había en su interior.
—Tú, cari —dijo mirándola a los ojos y robándole un beso en los labios.
—¿Dónde la encargaste? ¡Dios, tenía tantas ganas de tener esa navaja.!Es preciosa, ¿sabes? -dijo mirando la caja vacía- Es muy moderna, distinta a todas las que tengo. Pensaba llevarla siempre conmigo, hay mucho granuja suelto a la hora que cierra el 33. Cualquier madrugada me llevo un susto.
—No te preocupes, cariño, tendrás tu navaja. Yo me encargo, ¿sí? -dijo besándolo ella esta vez.
Diego se rió a carcajadas cuando lo llamó. Mario preparaba el desayuno en la cocina, y ella se había encerrado en el baño y hablaba en susurros.
—Tenía que verte hoy y sabía que me dirías que no porque es su cumpleaños. Dime una hora y te llevaré la navaja a tu casa.
—¿Me estás invitando a pasar la noche en tu casa? -bromeó.
—Sondalezas número 6, 3ºA. El portal está junto a un callejón sin salida. Puedes dejar ahí la moto. Ven a las nueve.
—¿A qué te refieres?
—Me refiero a que no estamos bien, Mario.
—Tonterías, lo que pasa es que tenemos incompatibilidad de horarios, pero eso pronto pasará a la historia, ya verás, cuando deje el 33, viviremos una segunda luna de miel y vendrán los niños, ¿tú no querías tener niños? Con treinta años creo que ya es hora de ser papá.
domingo, 12 de junio de 2011
Cruz de Navajas - preludio (Hablemos del terral)

Debido a problemas técnicos, la transcripción de la entrada V de la versión extendida de Cruz de Navajas, se ha ido al carajo. No quiere ello decir que os deje sin esa, tal vez, última entrega, si no que se pospone un día debido a huelga de párpados abiertos. ¿Recordais los dibujos animados de Pixie y Dixie? (Sí, "lo' mardito roedore"), pues ahora mismo estoy como el gato gitano Jinxs, a punto de ponerme unas pinzas de la ropa sujetando mis pestañas a mis cejas para mantenerme despierta. Ha sido un día de junio, post-terral, agotador.

Uy, pero no era que el sueño me había arrebatado la clara visión para escribir a estas horas? Por supuesto, pero ¿quién dice que no puedo escribir sin mirar la pantalla del ordenador o el teclado? En fin, que os dejo, un preludio de la última parte de Cruz de Navajas mientras lucho con un calor, que afortunadamente, hoy no se ha transformado en terral.
Nota: por problemas técnicos en versión profunda y arraigada, esta entrada se publicará tal cual, la otra mitad se fue al carajo y la última parte se perdió en el limbo virtual de blogger y sus vicisitudes. Les pido disculpas.
I.M.G.
jueves, 2 de junio de 2011
Cruz de Navajas - Versión extendida (IV)
Continuará...
Cuarta entrega del relato escrito por Isabel Merino González, basado en la canción Cruz de Navajas de Mecano escrita por José María Cano. Publicada en el álbum Entre el cielo y el suelo. 1986.
jueves, 19 de mayo de 2011
Cruz de Navajas - Versión extendida (III)
Continuará...
domingo, 15 de mayo de 2011
Cruz de Navajas - Versión extendida (II)
Continuará...
2ª parte del relato escrito por Isabel Merino, basado en la canción de Mecano, Cruz de Navajas, escrita por Jose María Cano para el álbum Entre el cielo y el suelo. 1986.
martes, 10 de mayo de 2011
Cruz de Navajas - Versión extendida (I)
- S de Salamanca, P de Pamplona, Y de Yugoslavia, Dinamarca, España, Roma, Córdoba y O de...
Tras colgar el teléfono, María arrancó la nota del recetario y se dirigió a la habitación de armas de Mario. A él le gustaba llamarla así. Ella la llamaba la "habitación del bebé". Cuando amueblaron el piso acordaron que el día que fueran padres, él se desharía de toda aquella chatarrería y aquella sería la habitación del bebé. El bebé no había llegado y la absurda colección de espadas, dagas, cuchillos y navajas, seguía aumentando. Encendió la luz y observó las vitrinas y las estanterías. Se tocó la tripa y se dio de plazo un año más.
Cada vez que se acercaba su cumpleaños, Mario hacía una excursión a Toledo y volvía encaprichado de un nuevo ejemplar que ampliara su colección. Esta vez, le dijo a María, se trataba de una navaja espectacular y distinta a todas las que poseía. El precio era asequible. Le dejó apuntado el modelo en su cuaderno de armas.
María abrió el cajón del escritorio y encontró allí el cuaderno de tapas duras, con el escudo de armas de los Postigo.: una torre de piedra y en el postigo de su puerta un hombre armado con una alabarda.
El cuaderno estaba dividido en tres partes. En la primera estaban detalladas todas las armas que poseía, modelo, longitud, material y peso. En la segunda parte se enumeraban los distintos modelos que quería obtener a "toda costa". Lo de " a toda costa " estaba remarcado varias veces, con bolígrafo rojo. La tercera enumeraba las tiendas donde encontrar cada modelo, su dirección, su página web, su teléfono y persona de contacto. La mayoría de aquellas direcciones se ubicaban en Toledo. María abrió el cuaderno por la segunda parte y comprobó el nombre del modelo que había elegido: Modelo S, SPYDERCO C109SLP

- Perfecto -dijo en voz alta.
Estaba sola en casa, como siempre a esas horas. Como casi todo el día, pensó de camino a la cocina, mientras arrugaba la nota en la mano. La mareaba, hecha una bola de papel, entre los dedos. Se deshizo de ella lanzándola a la papelera. Erró el tiro. Se agachó, y volvió a intentarlo. Acertó. Sonrió y abrió el recetario por el apartado de repostería. Le apetecía cocinar algo dulce. Miró la hora en el reloj de pared que ella misma había hecho a punto de cruz. Mario compró el mecanismo en una relojería y después de insertarlo en el paño, lo llevaron a enmarcar. El reloj atrasaba cinco minutos. Eran las casi las siete. Mario estaba al llegar. Se puso el delantal , cogió un paquete de harina de la despensa y lo vertió en un bol. Cuando encendió el horno para precalentarlo oyó el ruido de las llaves en la puerta. Seguidamente sonó el timbre. Se había dejado las llaves puestas por dentro y Mario no podía entrar. Se limpió las manos de harina en el pantalón y corrió por el pasillo hasta alcanzar la puerta.
- ¡Olvidé quitar las llaves, espera un momento! -gritó.
Giró las llaves un par de vueltas en el sentido de las agujas del reloj y abrió. Mario la apartó al entrar y colgó sus llaves en el llavero de pared.
- Siempre lo mismo María, no sé por qué insistes en que me lleve las llaves, si nunca puedo entrar a esta casa con ellas.
Atravesó el pasillo sin mirar atrás.
María cerró la puerta, introdujo la llave y volvió a cerrar por dentro y a dejarlas puestas. Era más seguro así. Lo siguió hasta el salón.
- No me has dado un beso -le recriminó María abrazándolo por detrás.
- Sabes que vengo con prisas María -dijo volviéndose hacia ella y besándola en la mejilla.
- Siempre las prisas.
- Voy a darme una ducha y salgo pitando. Hoy no me quedo a cenar.
- Vale -contestó ella- hoy no tengo ganas de discutir.
María se fue a la cocina mientras Mario se duchaba, abrió el frigorífico y sacó unos huevos. Devolvió un par a la nevera. Con estos son suficientes, se dijo. Los vertió en un plato hondo y los batió con un tenedor. Mario le gritaba algo desde el baño.
- ¡No te oigo, Mario! -repondió mientras añadía poco a poco el azúcar sobre los huevos batidos.
Siguió batiendo mientras incorporaba ingredientes: aceite, ralladura de limón, harina y un poco de levadura. Hasta formar una mezcla homogénea.
Mario se asomó desnudo a la cocina, secándose el pelo con una toalla.
- Te decía que mañana podemos desayunar juntos, antes de que te vayas.
Ella asintió sin mirarlo. Sacó unos moldes de la despensa y los puso sobre la encimera.
- ¿Qué cocinas? Ya te he dicho que no ceno esta noche en casa.
- Son magdalenas, para el desayuno -contestó recalcando la palabra desayuno.
- Voy a vestirme, se me hace tarde.
María vertió la mezcla hasta llenar casi la mitad de cada molde, los espolvoreó con azúcar y los introdujo en el horno a 180º.
- Veinte minutos -dijo pesadamente.
Mario se despidió con un guiño y un beso lanzado al aire. María se preguntó sobre qué objeto de la casa habría caído. Le habría gustado rescatarlo. Hacía tiempo que los besos de Mario nunca caían en sus mejillas o en sus labios. Había olvidado a qué sabían. Con suerte, por la mañana, si se dejaban saborear, sabrían a magdalenas.

Continuará...
I.M.G.
Nota: Relato escrito por Isabel Merino, basado en la canción Cruz de Navajas de Mecano, compuesta por José María Cano para el álbum Entre el cielo y el suelo. 1986.