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jueves, 8 de septiembre de 2011

Viaje a Italia (Agosto 2011) 5ª Parte : Capri

Billete de ida a Capri desde Sorrento 09/08/2011
El 09 de Agosto viajamos desde Sorrento a la isla de Capri, localizada en el mar Tirreneo. El billete ordinario del Ferry cuesta 15€ sólo la ida. Desde muy temprano se puede observar en el muelle una larga cola de turistas. Los Ferrys que viajan hasta Capri tienen un lugar privilegiado en él y si pierdes uno, no tendrás que esperar más de media hora en poder coger el siguiente. Está bien organizado y hay Ferrys durante todo el día. Los Ferrys son grandes, amplios, cómodos, y tienen dos plantas. Son diferentes a los que van a Positano o Amalfi, en estos no puedes ir sentada fuera, al aire libre, sólo son asientos de interior. Durante el trayecto, que dura poco más de quince o veinte minutos, te ofrecen desde bolsas de playa a sombreros de paja, gorras, refrescos o excursiones a la ruta azul, por precios más o menos razonables. En Italia no pierden el tiempo a la hora de hacer negocios. Cualquier sitio es bueno y todo es susceptible de ser vendido, o esa es la impresión que me traigo de allí, errónea o no. Eso sí, te vendan las cosas con una simpatía y un morro, que al final quedas hasta satisfecho por la compra hecha. 

Desde lejos, Capri parece un enorme peñón, parecido al de Gibraltar. Es lo que pienso mientras llegamos y aparece entre la bruma matinal.  Sus montes ocultos entre nubes bajas. Un americano que está frente a mí acerca la cámara al cristal y hace una foto. Borrosa. Capri tiene fama de ser bella y de ser centro vacacional desde la época de la antigua república romana. Llegamos a Marina Grande, el puerto principal de la isla y mientras bajo del Ferry mi mente divaga por otro tiempo, por una época en la que Capri aparece en fotos blanco y negro, y Audrey Hepburn pasea por el Belvedere de Tragara, (el elevado paseo panorámico sembrado de villas), Sofía Loren, con camiseta apretada y pantalón blanco demasiado corto, gafas enormes y sonrisa al viento se deja tomar una fotografía por su marido. Vivien Leigh recorre la Gruta Azul con Lawrence Olivier. Sissi huyendo de la corte de Viena. ¿Estuvo allí realmente? Vuelvo a nuestra era, a este momento, al 09 de agosto de 2011. Levanto la vista hacia los Faraglioni (los macizos calizos).

Entrada de Capri - Puerto Marina Grande

Y de repente no me parece tanto el glamour. Jacqueline Onassis, antes Kennedy, pasea con su bolso de Chanel, pero no en ese encuadre. Algo falla aquí, pienso. De repente, como hace Poirot en las últimas páginas de los libros de Agatha Christie en los que es protagonista, descubro el enigma. No es ese Capri, el que se ve desde la Marina Grande el que todos ellos visitaron. Probablemente llegaron hasta ese punto en el que estoy, en barco privado, en yate o en Ferry, pero esto sólo era un paso hacia otro destino, hacia el verdadero Capri, el del glamour, el de las vacaciones, el de las casitas blancas griegas, el de las joyerías y las tiendas de lujo, el del las aguas azules, el del encanto que los grandes escritores como Neruda han descrito, ese en el que Mariah Carey posee una villa, ese al que Gracie Fields dedicó las canciones "La isla de Capri" y "Vuelve a Sorrento". El Capri que creó fascinación en el siglo XIX gracias al libro de August Kopisch, el Capri que encadiló a las estrellas de Hollywood, a Graham Greene, Belinda Jones o Albert Espinosa, debe ser ese que se encuentra en las alturas, al que se accede en coche, taxi, bus o funicular. El verdadero Capri está en las alturas, como los sueños inalcanzables, como el Olimpo de los Dioses.

El billete Único Capri para subir en el Funicular cuesta 1,60€ y se puede adquirir en el mismo puerto. Las colas para acceder al Funicular en el que hay unas 90 plazas, son tremendas. La gente se agolpa a las puertas del funicular y colapsa la salida de los que bajan. El tiempo mínimo de espera en esas colas que no llevan un orden lógico, en el que todo el mundo trata de colarse y donde el calor es asfixiante, es de al menos media hora. Una vez que pasas tu billete por la máquina y te aseguras un puesto en el funicular debes esperar una media de unos diez minutos para poder cogerlo. El viaje se hace de pie, de frente al puerto. Por las laderas hay casitas pequeñas, sin orden, con pequeños huertos. Sigo sin ver glamour por ningún lado. Y no es que me considere glamurosa o amante del glamour, si no que te haces una idea y lo que estás viendo no se corresponde con la misma. Tenía otra imagen en mi cabeza de Capri, eso es todo. Lo que veía me gustaba, pero era otro Capri. Otro.
Una vista de Capri desde el Funicular

Cuando nos bajamos del funicular y salí fuera, me dije: Ahora sí. AHORA SÍ ESTOY EN CAPRI.

Callejón de Capri

Paseando por las calles de Capri
Lo mejor de Capri es perderte por sus calles, empezar por la plaza central, dejando a un lado la iglesia y la torre del reloj y pasear por los laberintos de calles blancas de estilo griego, como podéis ver en la foto de la izquierda, para luego encontrar un entramado de calles repletas de tiendas de firma, de esas que parece que con solo mirar te van a saquear la VISA. En muchos de esos escaparates se podía ver una fotografía de Jacqueline Onassis (antes Kennedy), admirando esa misma joyería, esa misma perfumería, esa misma tienda de arte, o de ropa de firma, y es que durante esa semana tenía lugar en Capri una exposición de fotografías de Jacquie, (permítasemen la confianza, ya que la vi retratada en tantas fotos que ya me parecía adecuado llamarla como lo haría una amiga), en sus múltiples visitas a la isla.
Galerías de arte en Capri
Capri desde la plaza central

A la izquierda podéis ver una de las calles dedicadas al mundo del arte, bien galerías de arte, bien tienda de antigüedades, bien arte en joyería, pintura, etc. A esta calle se accede tras otra repleta de terracitas blancas y de hoteles de lujo donde el café se se sirve a precio de oro. A la derecha podéis ver una fotografía del balcón de Capri, adonde se llega cuando sales del funicular. Desde ahí se accede a la plaza central, donde se han fotografiado la mayoría de famosos que nombré al principio, y que suele estar tan abarrotada de gente que sacar una buena fotografía resulta casi imposible, por eso no os dejo ninguna de ella.

Lo más turístico de Capri, es Capri, al completo. No sólo la gruta Azul que es  lo más famoso que destacan y venden, turísticamente hablando, pero eso es sólo uno más de sus encantos, una ruta marina que a través de aguas turquesas te lleva hasta una asombrosa cueva. Estas excursiones se venden en todo Capri, obviamente a un precio algo desorbitado, te llevan en barquito, un barco de remos, y este entra por una apertura parcialmente sumergida en el mar y hay que tumbarse completamente en el bote para que éste pueda entrar en la cueva. A veces, si el oleaje o la marea son favorables, no hace falta tumbarse. El color que adquiere el agua en la cueva es de un azul asombroso, intenso, casi fluorescente. La cueva es pequeña, por lo que la excursión termina pronto.

Gruta Azul - Capri



Cuando cogimos de nuevo el Funicular algo nos retenía aún allí que no nos dejaba irnos, tal vez el encanto de Capri. Cuando lo encuentras, cuando lo conoces, cuando lo vives, ya no lo olvidas y mientras te marchas, piensas en el regreso. Tal vez era eso lo que fui a buscar a aquella isla, la manera de regresar a ella. Llegué a la isla desafiante, incrédula, déspota. Me marché maravillada, como todo aquel que a puesto allí al menos uno de sus pies. ¿Merece la pena la visita? La merece. ¿Encontré lo que buscaba? Lo encontré. Fui capaz, al fin, de ver a quienes andaba buscando por allí, bueno... sólo hay que echar un vistazo a un par de fotos como estas...  tal vez de otro tiempo, de otra época, de otro Capri, pero os puedo asegurar, que los vi. Seguro que los vi.

Sofía Loren y Clark Gable en el rodaje de Capri
Vivien Leigh y Lawrence Olivier en Capri
Jill Esmond (1ª esposa de Lawrence Olivier), Lawrence Olivier y Vivien Leigh en Capri


Próxima crónica de Italia: Siena (corazón de la Toscana)


To be continued....


I.M.G.




lunes, 2 de mayo de 2011

Una inglesa en Tara (IV)

Vivien Leigh en su papel de Scarlett O´Hara










(Una inglesa en Tara)





A Olivier le ofrecieron el papel de Heathcliff en Cumbres Borrascosas, la novela llevada al cine de Emily Brontë.



Vivien Leigh rechazó un papel mínimo en la película.


- Seré Kathy o no seré ninguna -dijo.



Vivien acompañó a su amante hasta el barco y antes de que el barco partiera brindaron con champán en su camarote.



- Por Heathcliff -dijo Olivier.


- Por Scarlett -dijo ella levantando la copa.


- Eres imposible, querida -dijo Olivier riendo a carcajadas.

La acompañó hasta la cubierta y la observó bajar del barco. Se despidieron con la mano. Olivier la observó entre la multitud. Ella se volvió y le lanzó un beso. Él lo recogió al vuelo y volvió feliz al camarote.




La separación de su amante le estaba costando los nervios. Así se lo hizo saber a su esposo H. Leigh Holman, hombre comprensivo y esperanzado en que Olivier sólo fuera un capricho. Accedió a quedarse con su hijita, Suzanne, y permitió a su esposa partir en busca de su destino. Se había casado con una artista, y aunque no entendía ni le gustaba ese mundo, lo aceptaba.


- ¿Me pedirás el divorcio, Vivian? (Él siempre la llamaba así).

- Es inevitable, querido. Cuida de Suzie por los dos.

- Escríbeme.

- A diario -respondió ella. (Cumplió su promesa durante toda su vida, así como la amistad con el que fuera su primer marido).


Vivien Leigh viajó 9.600kms, durante un viaje de 5 ó 6 días en el Queen Mary hasta New York. Subió a un avión que hizo varias escalas y tardó unas 15 horas en llegar a Los Ángeles. Durante toda esta travesía desde Inglaterra, no dejó de leer y memorizar Lo que el viento se llevó.


Olivier la recibió con un ramo de rosas. La llevó directamente al hotel Beverly Hills, donde según contaría la actriz años más tarde: follaron y follaron como locos.


Unas horas después Olivier llamó a Myron Selznick y le pidió que los visitara en el mismo hotel, como ya os conté en la primera entrada de estas crónicas de Una inglesa en Tara.


- Quiero presentarte a alguien que puede ser, posiblemente, de un extraordinario interés para Lo que el viento se llevó -le dijo.





Myron Selznick no tardó en llagar al Beverly Hills. Se encontraron en el vestíbulo. Miró a Vivien Leigh y después miró a Olivier y resultó fácil saber qué ocupaban sus pensamientos.


- Creo que deberíamos llevarla para que conociera a David, ¿no te parece, Myron? -dijo Olivier ofreciéndole el brazo a su amada.


- Srta Leigh -dijo Myron- acaba de llegar a Hollywood, y acaba de entrar en la competición.


El rodaje del incendio de Atlanta duró hora y media, y Vivien Leigh entró literalmente en el rodaje de Lo que el viento se llevó sobre las once de la noche. La misma película fue su presentación; estableció el escenario, una ventaja que ninguna otra estrella de Hollywood había tenido cuando David O´Selznick les hacía las pruebas.


El fuego hizo encenderse la noche hollywoodense como un faro que le indicaría a todo el mundo que estaba cumpliendo con su fanfarronada de producir la mayor película épica de la historia del cine.


Fue antes de que el incendio se apagara que Vivien apareció entre las cenizas, y se presentó ante David O´Selznick y George Cukor, el primer director que se contrató de los tres que hubo. Vivien llevaba un abrigo de visón, regalo de Navidad de Olivier, así como un sombrero oscuro con forma de halo que realzaba su rostro y permitía que su larga cabellera cayera sobre sus hombros. Su maquillaje había sido cuidadosamente aplicado por un profesional de los estudios. Myron le dio instrucciones de usar su imaginación y poner un rostro a lo Scarlett O´Hara.



David y Cukor bajaron de su torre de diez metros de altura, tras soltar los megáfonos con los que dirigían a los operadores de las 7 cámaras Technicolor. No es cierto que Vivien subiera a verlos.


Apenas su hermano estuvo lo suficiente cerca para oírlo, Myron le gritó:


- ¡Eh, genio, conoce a tu Scarlett O´Hara!






El 13 de Enero de 1939 se anunció oficialmente la contratación de Vivien Leigh, una actriz británica apenas conocida.


El 26 de Enero, comenzó oficialmente el rodaje de Lo que el viento se llevó, y el 15 de diciembre de ese mismo año, 1939, se estrenó la película.


Al año siguiente, Vivien Leigh ganó su primer Óscar de La Academia, por su papel de Scarlett O´Hara.



Vivien Leigh con su Óscar por su papel de Scarlett O´Hara en Gone with the wind.


David O´Selznick y Vivien Leigh con el Óscar ganado por la actriz.



El resto también es historia....



A la memoria de Lady Vivien Leigh Olivier. (V.L.O.) (1913-1967)









I.M.G.























































jueves, 28 de abril de 2011

UNA INGLESA EN TARA (III)

"21 días juntos", película de 1940, dirigida por Basil Dean, protagonizada por Vivien Leigh y Laurence Olivier, se rodó en Londres, en blanco y negro, y narra la historia de Larry Durrant, quien accidentalmente mata al marido de su amante, Wanda. Cuando la policía detiene a un sospechoso y lo condena a muerte, los amantes disfrutan de 3 semanas para estar juntos y para decidir si Larry se entregará a la autoridad o no.


Durante el rodaje de esta película, se dio una fiesta en una embarcación, en el Támesis.




En la cubierta, varios actores charlaban y disfrutaban de la velada. La conversación del grupo giraba en torno a que la Metro Goldwyn Mayer planeaba rodar Lo que el viento se llevó.





Aún no se había comunicado ningún miembro del reparto, pero a Inglaterra también llegaron los rumores sobre las pruebas que estaban realizando Paulette Goddard, Bette Davis, Barbra Stanwyck, Miriam Hopkings y otras celebridades.


En la fiesta, como en todas las de la época, en cualquier parte del mundo, se hablaba de lo mismo: ¿quién interpretaría a Rhett Butler? Y sobre todo... ¿quién sería Scarlett?


- Larry, estarías maravilloso como Rhett Butler-dijo alguien en el barco.


Olivier rechazón tal posibilidad con un ademán.


- Tal vez Robert Taylor -sugirió la misma persona.


- Lo más probable es que se lo den a Gary Cooper, a Errol Flynn o a Cary Grant -contestó otro de los actores del reparto lanzando una colilla al río.


- A Cary Grant le va grande. Cary Grant es un comediante.


La discusión siguió en el mismo tono de broma hasta que la chica de ojos verdes, que no respondía jamás al nombre de Sra. Holman, pidió silencio. Se irguió sobre la cubierta barrida por la lluvia, con su poco más de metro y medio y se envolvió más apretadamente los hombros con el abrigo. Los dejó a todos asombrados con la siguiente sibilina afirmación:


- Larry no interpretará a Rhett Butler, pero yo interpretaré a Scarlett O´Hara. Esperad y lo veréis.


Nadie se rió.


La conversación finalizó en ese instante y ella sonrió feliz.


Alexander Korda, productor y director británico, resistía sus súplicas para hacer una prueba con ella como Scarlett y enviársela a O´Selznick como tarjeta de presentación.


-Soy yo quien hará ese papel, Alex.


Alexander Korda le mostró un montón de portadas de revistas americanas con diferentes actrices internacionales que afirmaban lo mismo. Ella frunció el ceño, se dio media vuelta y dejó a Korda plantado para dirigirse al apartamento del fotógrafo Angus McBen, quien la fotografiaría durante toda su vida. (En Londres, en una librería de Charing Cross, me conseguí un libro con fantásticas fotografías que Angus le hizo en teatro)


-Quiero que me hagas parecer sureña, Angus -le dijo al fotógrafo.


Laurence Olivier llegó pronto a recogerla. Esa noche los esperaban en el Teatro Nacional.


- ¿Por qué te has vestido de fulana? -le preguntó.


-Para ver qué aspecto tengo como Scarlett. Voy a interpretar ese papel, Larry.


-No, no lo harás. Lo interpretará Norma Shearer. Viene en el Times de hoy.



Así era, pero O´Selznick cambió de opinión a la semana siguiente, como todos sabemos.







Continuará...







I.M.G.

miércoles, 20 de abril de 2011

Una inglesa en Tara (II)


II




A finales de 1936 se publicó el libro Lo que el viento se llevó, (Gone with the wind), en Inglaterra y la esposa del Sr. Holman compró varios ejemplares para llevárselos a Kitzbüel, donde pasarían sus vacaciones navideñas. Llevaba ejemplares para todos sus amigos. Le encantaba regalar libros. La prensa había publicado que el libro de la Srta Margaret Mitchell era el mejor libro de todos los tiempos y ella quería leerlo y compartirlo con quienes formaban parte de su vida.





La Sra Holman, a quien no le gustaba que la llamaran así, se partió el tobillo en las pistas de esquí y pasó toda su convalecencia leyendo una y otra vez Lo que el viento se llevó. La Sra Holman, a la que insisto, no le gustaba que la llamaran así, quedó fuertemente impresionada por la heroína, parecía que hubiese encontrado a su doble en ella:


Poseía alegría, vivacidad y encanto, aunque había algo que ese personaje jamás tendría y que a ella le sobraba: sentido del humor.





Sr. y Sra. Holman


Margaret Mitchell, quien nació y murió en Atlanta, (1900-1949), quedó impresionada de la misma manera, cuando se encontró con la Sra. Holman por primera vez. La autora del libro confesó que captó la fuerte afinidad entre aquella mujer de hermosos ojos verdes y su Scarlett O´Hara.


- Igual que una criatura que sigue pensando que formular un deseo es conseguir ese deseo. Así se comportan ambas dos -relató Mitchell a un periodista del NY Times que bien podría haber sido el que entrevistó a O´Selznick en la entrada anterior.



- Si bien Scarlett no era una persona con la cual fuera fácil llevarse bien, yo tampoco lo soy -contestó la inglesa al mismo periodista con una risita encantadora.




El 03 de Febrero de 1937, Kay Brown, secretaria de David O´Selznick visionó la película Fire over England (1937), y le escribió un cable a O´Selznick en el que sugería como candidata al papel de Scarlett O´Hara a la Sra. Holman, artísticamente conocida como Vivien Leigh.

David O´Selznick le escribió:




No me entusiasma Vivien Leigh. Puede que llegue a
entusiasmarme, pero de momento no he visto ninguna foto de ella, ni me interesa
verla tampoco. Gracias por su interés.



Continuará...



I.M.G.






















domingo, 17 de abril de 2011

Después de todo mañana será otro día: Una inglesa en Tara (I)


La editorial neoyorkina McMillan estableció como fecha oficial de salida a la venta del libro Lo que el viento se llevó (Gone with the wind), de la escritora Margaret Mitchell, el 30 de Junio de 1936. Se vendieron 10.000 ejemplares de su 1ª Edición. En 3 semanas llegó a las 176.000 copias. A los 6 meses la cifra se elevó al millón. Ganó, entre otros, el premio Pulitzer. La srta Mitchell afirmó que hubo un título anterior para su obra: Tomorrow is another day. (Mañana es otro día).






Hoy quiero hablaros de uno de mis libros favoritos, de una de mis películas favoritas, y de cómo mi actriz favorita, Vivien Leigh, se hizo con el papel de mi personaje favorito: Scarlett O´Hara.








http://www.youtube.com/watch?v=PBd8EPoEvVDA&feature=related





Vamos allá:




I


En busca de Scarlett O´Hara.






David O´Selznick tenía claro que el actor que debía interpretar a Rhett Butler era Gable, aunque se barajaron entre otros a Errol Flynn y Gary Cooper. Tras conversaciones y acuerdos con la Metro, Gable obtuvo el papel. Sin embargo la búsqueda de Scarlett prosiguió entre jóvenes desconocidas y rutilantes estrellas. Así pues, sin Scarlett, se aplazó el inicio oficial del rodaje hasta enero de 1939.




- Tiempo suficiente para que encuentres a tu Scarlett -comentaría Myron Selznick a su hermano, en tono jocoso, nada más conocerse la fecha.




Ante las distintas presiones y continuas noticias aventurando que O´Selznick no podría comenzar su película, éste sorprendió a todos comenzando el rodaje un mes antes de la fecha oficializada, así el sábado 10 de diciembre de 1938 se comenzaron a grabar las primeras secuencias de Lo que el viento se llevó.




El New York Times envió a su mejor corresponsal para hacerle todas las preguntas que América quería saber. Aquella entrevista debió ser así:




- Comenzaremos por el incendio de Atlanta -respondió O´Selznick a la primera pregunta del peridista: un hombre gris, de pequeña estatura y con un sombrero de hongo que le llegaba hasta los ojos. Le costaba saber lo qué pensaba y eso lo ponía nervioso. Le produjo antipatía su bigotito y la forma sarcástica en que se reía. Le daba la impresión de que aquello era un ataque y no un puñado de preguntas.




- ¿Por qué no empezar por el principio, Sr. Selznick?


- O -corrigió- O´Selznick.




El periodista hizo un gesto de disculpa y repitió la pregunta.




-Necesito deshacerme de antiguos decorados y necesito terrenos libres para construir en ellos los que necesitaremos para la película. Son buenas razones para comenzar por el incendio de Atlanta, ¿no cree?




- Hace 3 semanas hizo un comunicado rotundo a Daniel T. O' Shea en el que mencionaba como candidatas al rol de Scarlett O´Hara a Paulette Goddard, Doris Jordan, (quien más tarde sería Doris Davenport), Jean Arthur, Katharine Hepburn y Loretta Young. ¿Se ha decidido ya por alguna de ellas?




-Si ha leído usted la prensa de los últimos 3 días sabrá que nuestra Scarlett O´Hara será encarnada probablemente por Joan Bennet.




- ¿Me está regalando una primicia?




- No, le estoy dando el nombre de la actriz que probablemente encarne a nuestra heroína, ya que es lo que usted desea saber.




El hombrecillo se removió incómodo en su sillón, encendió un cigarrillo e hizo un garabato en su cuaderno, que O´Selznick no supo interpretar.




- ¿Qué ocurrió con Bette Davis? -preguntó el periodista.




- Simplemente no es la Scarlett de Lo que el viento se llevó. Funcionó como Jezhabel. Al menos para la crítica. Estuvo estupenda junto a Henry Fonda. Eso también lo decía la crítica. Yo no comparto ambas opiniones, aunque debe apuntar ahí e su libretita, que la considero una gran actriz. Sin embargo no es la Scarlett que América está deseando ver en mi película. Ni tampoco es la Scarlett que Margaret Mitchell describe en su libro. No es nada personal, aunque la Srta Davis así lo haya proclamado.




- ¿Qué me dice de Norman Shearer? El semanario Film Curb publicó que la gente se había levantado en armasante el anuncio de que ella sería la heroína sureña.




- Como verá no está en la lista que le he dado. ¿Va a preguntarme por cada actriz que no ha conseguido el papel? Puedo darle más nombres: Joan Fontaine, Lana Turner, Joan Crawford, Susan Hayward...




-Conocerá, supongo, lo que publicó Lourella Parsons, (famosa columnista que fisgaba en todos los secretos hollywoodenses), hace 5 días.




- Lo desconozco. No puedo leer cada cosa que se publica, ni me interesa lo más absoluto.




- Se lo leo textualmente: La intrigante vampiresa inglesa Vivien Leigh ha llegado a Hollywood, pero no para rodar una película, si no a causa de un romance con Laurence Olivier.




- ¿Y qué demonios tiene eso que ver con mi película?




O´Selznick se levantó indignado. No le gustaba ese tipo. Miró el reloj. Le había concedido 20 minutos de su tiempo y se estaban agotando. Suspiró y volvió a sentarse. Cruzó los brazos y fijó su mirada en el sombrero de hongo. El periodista continuó como si O´Selznick no se hubiera levantado de su sillón en ningún momento.




- ¿No es cierto que alguien sugirió el nombre de la Srta. Leigh como posible candidata para su Scarlett?




- ¿Cree usted que elegiría a una inglesa para una heroína sureña?




- Dígamelo usted, Sr. O' Selznick.




- No he visto a esa mujer en mi vida, ni tengo intención alguna de hacerlo. Escúcheme, tengo un decorado que quemar, y mi tiempo es escaso y vale mucho dinero. ¿Tiene alguna pregunta de interés que hacerme?




- ¿De qué decorados va a deshacerse?




- El templo de Jerusalén de Rey de Reyes (1927) y el muro de King Kong (1933).




-¿No le apena deshacerse de ellos?




- Escuche, en esta profesión no caben los sentimentalismos. En estos momentos tengo un incendio que rodar y lo que se queme es lo de menos. Será Atlanta la que arderá esta noche. Es una escena clave en la película. Y si ha terminado las preguntas, las Srtas Yakima Camutt y Dorothy Fargo, puede usted apuntar sus nombres en su libretita, me están esperando para comenzar el rodaje. Ellas asumirán los roles principales en el incendio y aunque nunca pasarán a la historia del cine por ello, serán las primeras actrices en encarnar a Scarlett O ´Hara.




- Una última pregunta, dígame, Sr. O´Selznick, ¿cómo ha conseguido reunir todas las cámaras Technicolor que posee la industria?




- Escogiendo el día de hoy para comenzar el rodaje. Ha sido el único modo: Empezar un sábado.




El periodista guardó el bolígrafo y la libretita en el bolsillo interior de su chaqueta, mientras O ´Selznick lo invitaba a levantarse con un gesto con la manoy gritaba a un hombrecillo que limpiaba sus gafas con el dorso de su corbata: ¡Vamos, Ray!




- ¿Ray Rennahan? -preguntó el periodista.




-Quédese con el nombre, divúlguelo si quiere. Hoy estará al frente de la fotografía, ¿quién sabe si lo estará mañana? Después de todo Tomorrow is another day, amigo.




O´Selznick rió a carcajadas por su propia ocurrencia. Ni Ray ni el periodista lo siguieron. Después, le hizo un gesto a su hermano Myron para que acompañara al periodista a la salida del estudio.

David O´Selznick y Myron Selznick



- Sea benevolente con su caracter, está recibiendo mucha presión y no tiene a su Scarlett. Créame, ninguna de esas actrices que han pasado por aquí es la Scarlett que él había soñado para su película. Son tres años de búsqueda. ¿No le parece desesperante? -preguntó Myron.




- Ha tenido casi 3 años para encontrarla. Ha hecho pruebas a las mejores actrices del momento y a las mujeres más bellas de América. ¿Qué clase de Scarlett busca su hermano, Sr. Selznick?




Myron se encogió de hombros y dijo: A la Scalett que escribió la Srta Mitchell, supongo.




Una voz desde lejos llamó a Myron: ¡Al teléfono, Myron!




Myron le dio una palmadita en el hombro al periodista y corrió, literalmente, a cogér el aparato.




- Myron Selznick al habla.




Sonrió abiertamente al escuchar la voz al otro lado del teléfono. Miró a su hermano que charlaba animadamente con George Cukor antes de subir a la plataforma desde la que dirigiría el rodaje del incendio.




- ¿En el Beverly Hills? Sí, no se muevan de ahí -rogó- Salgo en 5 minutos, Olivier.



Continuará...



I.M.G.