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domingo, 28 de noviembre de 2010

Festival Eñe (12-13Nov.Madrid) 5ª Parte

Sábado 13 de noviembre. Madrid amaneció con el cielo cubierto de nubarrones curiosos, sin ánimo de descarga, pero sólidos y nada huidizos. Quietos. Con el viento a su favor. Eran las 9 y media cuando cruzamos una calle Alcalá silenciosa, vacía, serena. Sin coches.




Llegamos al Hotel de las Letras, en Gran Vía y dimos nuestro nombre. Estábamos en la lista. Subimos las escaleras admirando los azulejos de colores y las pinturas de las paredes. Paramos a hacer alguna foto. En la primera planta tenía lugar el desayuno buffet de los escritores, ponentes, lectores, público y organizadores del festival Eñe. Buscamos un hueco en una de las mesas a compartir. Un poeta leía en voz alta. Un pianista tocaba. Unas mesas redondas exhibían las exquisiteces del desayuno. No vimos a ningún escritor conocido. Por las enormes cristaleras vimos el despertar dominical de la Gran Vía. Minutos más tarde, paseábamos por ella hasta la Plaza de Callao, donde en un conocido centro comercial adquirimos algún libro. De vuelta, ya en sentido contrario, nos encontramos con una cola paralizadora. Paralizadora porque quien pasaba ante ella se paraba para tratar de averiguar dónde comenzaba y dónde terminaba y qué nos perdíamos el resto de viandantes para no acoplarnos a ella. La cosa resultó sencilla: Doña Manolita. Administración de Lotería. Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, habría pensado que se trataba de alguna argucia publicitaria del establecimiento.

En esta foto se puede ver sólo parte de esa larga cola o fila india o como se le quiera llamar. El principio de la cola estaba en Doña Manolita, el fin no se veía, probablemente llegaba hasta Sol. ¿Exageración? Tal vez, pero seguro que a mediodía podría llegar hasta allí. Eran sólo las 10 y pico de la mañana de un domingo fresquete y sin sol y allí estaba toda aquella gente, dependiente de su ilusión.

Nos paramos a conversar con un lotero ambulante que vendía en la puerta de Doña Manolita, llamado José. Vendía números de la propia administración, en su misma puerta, por tan sólo dos euros más, pero la gente prefería aguardar la cola. Extraña superstición la de la gente. Eso pensé. Loli y yo le compramos a José mientras él nos contaba el tiempo que pasó en Andalucía viviendo y nos deseaba la mayor de las suertes. La primera conferencia de la mañana era a las 11:30 y si seguíamos la charla con el pizpireto José, se planteaba seria la puntualidad a la misma.


Nos despedimos prometiendo volver si éramos agraciadas con los números que escogimos. Compramos uno para nosotras y otro diferente para nuestro grupo puntoyseguido. Al final todos le damos una oportunidad a la suerte y de alguna manera creemos en ella. Cuando nos falla, en el sentido más material, nos apoyamos en la que nos acompaña, en la cotidiana y al final nos encontramos felices con lo que tenemos. Qué suerte.

Cuando pasamos por delante del Hotel de las Letras nos encontramos a Garriga Vela y a Juan Bonilla, ordenadores en manos, peinados, acicalados, despidiéndose de Madrid y de paso de nosotras. Nos preguntan por el desayuno y le contamos. Reímos. Nos comentan que ya se marchan. Nos lamentamos. Garriga me deja un mensaje para Andrés Neuman. La conferencia de Andrés es la última, a medianoche, hora de brujos. Él nos tiene preparado un numerito que hace gala de esas horas. Nos despedimos de Garriga y de Juan y de camino al Círculo de Bellas Artes comentamos qué fácil debe ser, a veces, ser hombre. Nuestras maletas están a tope, con más ropa que si fuésemos a estar una semana en Madrid, los "porsis" se han venido con nosotras. Los hombre, en este caso Garriga y Juan, no llevan ningún "porsi" a cuestas. Su equipaje lo llevan en los bolsillos. El nuestro viaja sobre ruedas y aún así, pesa. Y mucho.


Llegamos al Círculo de Bellas Artes con la conferencia de Isabel Muñoz empezada. Sala Fernando de Rojas. 2ªPlanta. Nuestra compañera María nos espera allí. Isabel Muñoz y Doménico Chiappe hablarán del magnífico trabajo fotográfico de Isabel. que es dueña de un lenguaje visual único con el que ha irrumpido tanto en la fotografía artística como en el reportaje periodístico. Doménico y ella charlan sobre el oficio, los viajes, el testimonio y el compromiso. Detrás de ellos, en una gran pantalla, se exhiben distintos trabajos de la artista.


Isabel habla de sus fotografías, de los peligros que la han acechado en algunos destinos no recomendables, en la naturalidad de la gente de calle que ha posado para ella, de los desnudos, de las sonrisas, de los sueños. Y cuando dice sueños me viene a la mente uno de los que he tenido esta noche. Me pongo a escribir sobre él, a oscuras, en plena conferencia. Creo en mis sueños. Tienen parte de realidad. A veces me avisan de algo, pero sólo me ocurre con gente muy especial para mí. Esta ha sido una de esas noches. Me planteo llamar a esta persona. Es muy importante para mí. El móvil están en silencio. La sala llena de gente. La voz de Isabel es pausada, aterciopelada, dulce. Recreo el sueño en mi mente mientras se suceden una tras otra una serie de fotografías de un poblado africano. El sueño ha sido bueno, bonito. No hay que molestar a la felicidad. Que esté bien es lo importante y el sueño me dice que lo está. Eso me tranquiliza. Apago el móvil. Sonrío. Puedo verla sonreír. Sigo oyendo a Isabel.

Cuando la conferencia termina salimos a la zona de la librería y deambulamos por allí hasta que me encuentro con Isabel, a la que se acercan a saludar. Me acerco a darle un libro de álbum de familia y lo acoge encantada. Me pide que la siga, para hacernos una foto. Entra en la zona de libros, donde firman los autores. Una responsable de la organización me para, Isabel le dice que voy con ella. Me dejan pasar. Justo antes de sentarse a firmar su libro Obras Maestras, donde aparecen muchas de las fotografías que hemos visto en la conferencia, nos hacemos una fotos. Charlamos de algo poco trascendental. Sonreímos y nos despedimos con dos besos. Es de esas personas que cuando te hablan, te tranquilizan, te dan paz.

12:30. Sala Fernando de Rojas. Esther y Óscar Tusquets. Un mano a mano literario.
Los hermanos Tusquets cambiaron el panorama editorial de la España de los sesenta y fundaron Lumen y Tusquets. Hoy querían trazarnos un mapa del mundo y la escritura. Entro en la conferencia acordándome de mi amigo y compañero Pedro Rojano. Me ha señalado, que especialmente esta conferencia no debo perdérmela, ni la ocasión de regalarle un libro a los Tusquets. Tomo asiento en mitad del patio de butacas. Me llama la atención la edad de los hermanos, sobre todo la de Esther. Es una abuela, pienso, una abuela seria. Al final de la jornada pienso, es una abuela que ha vivido, una mujer que ha luchado, una abanderada, una abuela entrañable y socarrona, viva, con tantas historias que contar. Me pasaría horas oyéndola. Óscar no es menos atrevido que su hermana. Se lanzan quejas, recuerdos, chismes, rememoran, ríen, se piropean. Justo lo que hacen dos hermanos que se quieren, cuando tienen que hablar uno del otro.



Al principio me cuesta un poco entenderlos, tienen marcado acento catalán, luego se difumina y castellaniza o tal vez mis oídos se acostumbran a oírlos. Hablan de la España de los cincuenta, sesenta y setenta, de la literatura de entonces, de las editoriales de entonces. Y yo pienso que estoy muy verde y que tengo mucho que aprender. Tantos años dedicada a las ciencias me ha hecho perder mucho mundo literario. A veces pienso que he llegado muy tarde a "esto", pero es lo que quería. Es aquí donde quiero estar. Aquí y ahora. Sigue la conferencia. Los hermanos cuentan cómo partieron de cero en el tema editorial y cómo la ingenuidad al comienzo marcó sus pasos en este mundillo. Surgen en sus memorias, y así nos transmiten, las primeras ilustraciones, las primeras fotografías que les dio la idea del libro donde la fotografía y el texto ruvieran la misma importancia. Se mostraron muy interesados en sus comienzos por Vargas Llosa, Cela, etc. Óscar arropa a Esther con un bonito gesto de hermano. Ambos se interrumpen al hablar. Las anécdotas se suceden una tras otra. El público ríe divertido. Yo río también.

Comentan que el mundo literario ha cambiado tanto como el arquitectónico. Cuentan cómo en sus comienzos quisieron editar un libro de Samuel Becket y justo enmedio de las negociaciones le dieron el Nobel. Redactaron nuevos acuerdos y cambiaron las condiciones de contratación ya que ahora la puja por él sería importante. El editor de Becket les dijo que todo seguía como antes del Nobel, porque la literatura de Becket no había cambiado. Esto ahora es impensable, dijeron. Entonces, se sintieron horteras. Samuel Becket no le dio ninguna importancia al Nobel. Un tío antisistema y el sistema premia a los antisistemas. Esther interviene para decir que tiene la disciplina de leer poco los periódicos. Se hablan entre ellos, sin mirar apenas al público. ESther interviene lo justo, pero cuando lo hace, el público ríe. Es seria, con un humor peculiar. De repente me acuerdo del humorista Eugenio. Sólo tienen en común el catalán, pero también era un serio que hacía reír. Esther es cínica. Dice que el halago es contranatura en Cataluña y que lo que está bien no hace falta decirlo porque ya se sabe.

Óscar dice que la mayoría de los libros de Esther son autobiográficos. Ha explicado sus vivencias, la de sus amigos, familiares o conocidos. Un escritor hace eso por regla general, comenta. Esther dice que un autor no está en el argumento de su obra si no en su coma. Dice que es muy perezosa para documentarse y hacer ficheros. Me da pereza, dice, y miedo de esqcribir sobre algo que no conozco. Un autor está mucho más en sus novelas que en sus biografías. Por eso prefiere mil veces la ficción a la biografía. Cuando cuentas una anécdota una y otra vez del pasado, la conviertes en historia y ya se puede contar en un libro. Mi hermano, dice, acabará escribiendo ficción. La gente, prosigue, confunde intimidad con sexualidad. La intimidad es una cosa distinta a contar con qué señor te has acostado. Ahora estoy entusiasmanda con la escritura porque es una de las cosas que dan placer y que se pueden hacer hasta tarde, no importan los años, como el póquer, no el bingo, ese es un sucedáneo, explica mientras reímos. Sólo escribo aquello que pienso que sólo yo puedo escribir. Si algo no me interesa, no puedo escribirlo. Siempre será más bueno lo que te interese a ti contar, lo que va contigo.

ESther y Óscar comienzan a discutir, porque Óscar dice que no la entiende. Hablan de un homenaje que le hicieron a Esther por su 70 cumpleaños y también de la sexualidad de ella. Ella dice que para no dar ninguna explicación a nadie dice que es bisexual y punto. Comenta que algún marido de sus amigas no han podido terminar sus libros por inmorales. Se lo comentó alguna amiga del bridge, donde, según ella, hay gente horrible. Tener un hombre con el que no te aburres es maravilloso, dice riendo. El único hombre con el que no me aburro es con mi hermano Óscar. Es repelente, porque todo lo hace bien y yo todo lo hago mal. Soy tacaña con la ropa, parezco una zarrapastrosa si me visto con algo caro, conduzco mal, nado como un pato... Volvemos a reír.

Óscar puntualiza que no recuerdan las cosas igual y que por eso con los recuerdos nunca se ponen de acuerdo. Esther se queja de que Memorias de una vieja indigna debían haberlo escrito juntos pero que ella es muy rápida y él necesitaba un año y por eso no lo esperó. Ahora quieren hacer algo juntos. Hablan del proyecto. Y de ahí pasan nuevamente a los recuerdos, contando anécdotas de su infancia que no recuerdan de la misma manera. La visión de Esther nos hace reír, la de Óscar nos emociona. Esther comenta que su madre fue su gran trauma. Óscar cuenta que su madre fue su gran amor. A partir de ese momento, la madre de los Tusquets se hace con la sala, se eleva como protagonista, sus anécdotas se nos clavan y se vienen con nosotros. Ya no podré a olvidar a esa mujer nunca. Me recuerda a la madre de la protagonista de uno de mis cuentos. Lauren Bacall la interpretaría como nadie, pienso. Ellos dicen que Marlen Dietrich sería pefecta para encarnarla. Su madre tenía un humor cruel, era egoísta, injusta sin límites, pero a la vez interesante. Y así, esta señora que no sabemos si descansa o no en paz, vuelve a cobrar vida entre nosotros y la vemos pasear por el escenario, delante de sus hijos, contando sus propias historias tal como ella las vivió.

¿Qué les diría a alguien que quisiera ser editor? -alguien formula esa última pregunta. Toma la palabra Esther y dice: Que hiciera otra cosa, a no ser que fuera una loquísima pasión. Actualmente no le recomendaría a nadie que pusiera una editorial.

El público aplaude y comienza a salir. Yo, en dirección contraria, por el pasillo principal me acerco a saludar a Esther Tusquets, que acaba de bajar del escenario. Me saluda sonriente y siento ganas de abrazarla, pero me contengo. Es una abuela. Tengo debilidad por las abuelas. Me acuerdo de las mías y sin querer me emociono. Le regalo álbum de familia y lo acepta encantada. Mis compañeras se salieron de la conferencia para acudir a otra. Yo me quedé hasta el final. Miro a mi alrededor por si alguien puede fotografiarnos juntas. Pasa Óscar Tusquets. Un chico alto, rubio, guapo y sonriente se ofrece. Es el fotógrafo que me hizo la foto con María Tena justo la tarde anterior. Nos sonreímos cómplices. Le alargo la cámara. Está sin flash. Hay que repetirla. Esther sonríe paciente y se lo agradezco. Nos despedimos tras la foto. La veo salir, con nuestro libro en la mano. Avanzo por el pasillo con el fotógrafo. Le pregunto su nombre: Pablo.







Continuará...



I.M.G.


jueves, 25 de noviembre de 2010

Festival Eñe (12-13 Nov. Madrid) 4ª Parte

21:30h. Viernes 12 de Noviembre. 5ª Planta. Sala María Zambrano. Conferencia Exprés sobre un tema polémico: ¿Se puede aprender a ser escritor? ¿Sirven para algo los talleres literarios? ¿El talento nace o se hace?

La escritora, profesora de literatura, miembro del cuerpo superior de administradores civiles del estado y finalista del premio primavera 2010, María Tena, contaba con 30 minutos para hablarnos de todo ello.

Loli y yo nos sentamos en última fila. No soy persona de últimas filas, sino más bien de primeras, pero teniendo en cuenta que a las diez debíamos salir pitando para la conferencia de Juan Bonilla, lo más lógico era sentarnos al final para no molestar a nadie si teníamos que salirnos antes.

Este tema me interesaba especialmente por lo que mi atención era toda de esta mujer que desde que tenía diez años vive con Antonio Machado en su mesilla.

Atravesó la sala agarrada a una muleta, sin dejar de sonreir con la boca, con los ojos y las mejillas. Diríase que una gran sonrisa recorrió la sala desde la puerta hasta la silla en la que minutos antes se sentaba Patricio Pron. Mientras hacían un recorrido breve por su extenso currículum ella seguía sonriendo y con los ojos entrecerrados parecía mirarnos uno a uno y decirnos: encantada de conocerte. Tal era su semblante. Encantador.

- En este oficio, de escritor, nos hacemos continuamente preguntas, más que obtener respuestas -comenzó diciendo.

Después añadió con rotundidad: NO se puede aprender a ser escritor.

- Hay que tener una previa predisposición o talento o haber tenido mucha lectura en casa, pero en realidad viene de nacimiento. NO se puede aprender de la nada a ser escritor. Ser escritor es una tarea muy pesada. A pesar de ello se tiene que intentar. Se pueden aprender técnicas.

- ¿Por qué queremos ser escritores? -lanza la pregunta al aire y la masticamos y antes de escupirla, ella se contesta, NOS contesta: Porque queremos serlo. Porque es un impulso, a pesar del camino de altibajos, del camino solitario, del duro camino. El impulso es el deseo. Compensa lo que te apasiona. La escritura tiene que ser un deseo y no sólo de un momento, hay que sostenerlo. Los escritores somos los que mantenemos ese primer deseo de ser escritor. La escritura es como un matrimonio. Hay que seguir casado con ella. A veces te pone los cuernos, o se va, etc, etc, pero hay que aguantar todo eso para ser escritor. Eso no es una técnica ni se puede dar en un taller literario. Esa pasión dura toda la vida.

Por un momento el silencio se hace dueño de la sala mientras ella vuelve a sonreír sin dejar de mirarnos. Bebe un sorbo de agua y prosigue:

- Para ser un buen escritor hay que estar solo. Hay que tener constancia, paciencia, disciplina gusto por la soledad.

Desde mi posición veo algunas cabezas, que como la mía, asiente. La mayoría de los que estamos allí somos unos solitarios en realidad, pienso. Y pienso en las horas que paso sola con mi ordenador, con mis letras, con mis libros. Y María sigue hablando:

- En los talleres damos el golpecito en la espalda que necesitamos para seguir. El escritor nace para ser leído. Yo escribía sin parar: poesía, cuentos, trozos de novelas... y me apunté a un curso de Luis Landero. Luis Landero no cree en los talleres. Luis me dijo que no iba a decirme si yo escribía bien o mal, me dijo que teniendo esa pasión que tenía por escribir, tenía que dedicarme a la escritura y hacerlo en serio y comprometerme. Y desde hace 7 años escribo pase lo que pase. Es importante ese golpecito en la espalda.

- Una cosa que paraliza a los escritores es el respeto a la literatura. ¿Qué aporto yo?, se pregunta el escritor. Soy una hormiga al lado de tantos gigantes, piensa. Ese exceso de responsabilidad te lo tienen que poner en tu sitio. Todos los que escriben y leen mucho pueden escribir y acabar escribiendo algo decente. Todos tenemos algo que contar. Todos tenemos unas huellas, algo propiamente nuestro y si lo sabemos expresar bien podemos escribir algo muy digno. Tenemos que creer en nosotros mismos. En los talleres te tienen que hacer creer en ti. También a ser humildes y a no quedarnos en la primera escritura. Vila Matas dijo: Si alguna cosa se jodió en los escritores es la moral de tomárselo en serio. La humildad es muy importante. Hay que pasar muchas horas delante del papel. El talento es una larga paciencia. Así pues, lo más importante que debe poseer un escritor es paciencia y humildad. Donde hay humildad hay saber. Donde hay soberbia, no hay aprendizaje y te lleva al fracaso. Los escritores siempre tenemos que aprender porque a la vuelta de la esquina está el fracaso.

- No hay que tener prisa, ahí es cuando se mete la pata. Hay que tener paciencia y tomárselo muy en serio. El mejor taller para escribir es la lectura. Soy muy partidaria del plagio para aprender los trucos de los grandes autores, de los clásicos sobre todo, pero también de los contemporáneos. Os recomiendo leer El gran Gatsby de Scott Girzgerald u Otra vuelta de tuerca, de Henry James. Hay que aprender de ellos, de los grandes.

Este verano me leí Otra vuelta de Tuerca, pero ahora me la apunto para su relectura. Interesante.

- El primer texto nunca funciona -prosigue- hay que ir párrafo por párrafo y escribir treinta borradores. Los detalles son importantísimos. Hay que ser atrevidos y desmesurados pero negociar con la realidad, con lo concreto. Hay que evitar dar moralina. Hay que saber contar lo concreto y mostrar al lector y que él se crea esa falacia que le estás contando. No hay prisa. Nuestra obra es lo que queda, démosle tiempo, que no nos quede una chapuza.

Loli mira el reloj. Son casi las diez. Juan Bonilla debe estar llegando a la quinta planta, dirigiéndose hacia la sala Valle Inclán para dar su conferencia. Tengo hambre. Es hora de cenar. Loli me susurra que se marcha a ver a Juan. Yo le contesto que me quedo con María. La conferencia es demasiado interesante como para dejarla a la mitad. Me quedo sola en la última fila, con toda la atención puesta en las palabras de María, sonriendo sin darme cuenta.

- Teneis que hacer una lista de imágenes porque la inspiración es una tortura. La imaginación y la memoria están hechas de imágenes. Hay que revolver la memoria y deformarla. Tenemos que manipular la propia realidad. La realidad de verdad no hay que contarla. También hay que seleccionar. Si metemos demasiadas cosas inverosímiles juntas, no funciona. Lo que debemos hacer es mezclar las imágenes de la realidad porque ésta por sí sola no funciona. Hay que meter la mano en la memoria y sacar una imagen y cmo una piedra o una madera, hay que trabajarla y manipular los recuerdos. Es muy útil hacer los ejercicios de "Yo me acuerdo". El esmero es el único deber moral del escritor. No debemos retrasar el momento de escribir. Tampoco hay que esperar milagros. Debemos entrar en el conflicto directamente y evitar las florituras, así como evitar las personas reales. Meted al personaje en un conflicto. No aburrais al lector. No expliquéis. Mostrad. Dedicad tiempo a las escenas de tensión. Los escritores no resumimos.

Miro a mi alrededor un segundo, mientras escribo en mi cuaderno cuanto dice María Tena. La mayoría también escribe o trata de memorizar lo que oye.

- Dejad respirar a los personajes. Dejaos aconsejar. Preocuparos de escribir el mejor libro que podais.

La sala estalla en aplausos. Yo cojo el boli y lo aprieto entre los labios, apoyo el cuaderno en mis rodillas, y aplaudo con ganas. La gente se levanta y comienza a marcharse, yo me acerco a saludar a María. Le doy la enhorabuena por la conferencia. Ella no deja de sonreir y sigue contagiándome. En algún momento de nuestra charla le regalo nuestro librito de álbum de familia. Se muestra encantada e ilusionada y me pide que le cuente de qué se trata. Y le explico. Y le hablo de las fotos del interior y de cómo surgieron las historias. Nos despedimos con dos besos. Me quiero llevar una foto conmigo. Miro a mi alrededor. Un chico alto, rubio, guapo, con barbita, se ofrece a sacarnos la foto. Le doy mi cámara. Está quitado el flash y sale borrosa. El chico se ofrece a hacerla él con su cámara. Es una cámara grande, profesional. Sonrío, se lo agradezco y le digo: ¿y cómo la consigo después yo?. Él sonríe a su vez y me dice que me la enviará. Me fío pero quiero tener la foto en mi cámara y llevármela conmigo. Le agradezco el gesto de nuevo y le ofrezco mi cámara. Por favor, con la mía. Él la cojo, enfoca y dispara. Salimos muy risueñas. Le doy las gracias a los dos, a María y al fotógrafo, atravieso la sala y salgo precipitadamente. Subo las escaleras corriendo, directa a la sala Valle Inclán, donde fue la conferencia de Garriga. En primera fila están mis compañeras.


22h. Viernes 12. 5ª Planta. Sala Valle Inclán. Conferencia Exprés. Juan Bonilla. Tema: Ambiciones Desmedidas.


Juan está nervioso. Sus manos tiemblan sobre el papel antes de comenzar a hablar. Se disculpa por traer su discurso escrito. Es tímido. Los que lo hemos visto más veces lo sabemos, los que lo ven por vez primera lo descubren enseguida. Le tiembla un poco la voz. Lo reconoce. Se excusa nuevamente y nos dice que si no trajera el discurso escrito, la conferencia sería incomprensible porque tartamudearía y sólo diría palabras atropelladas y vocales interminables e indecisas. Comenta que escribe como un niño educado, piensa como un niño y habla como un niño también. El tema que debe abordar es interesante, pero a esta hora nos resulta un poco cansino. Tomo poca nota, es más interesante oír cómo cuenta que Maiakovski pensaba que el poema podía cambiar la vida de los otros o cómo Gottfried Benn pretendía que sus poemas fueran capaces de devolver a las tabernas a quienes se hubiesen jurado no probar una gota más de alcohol. Neruda dijo que un poema podía hacer caer un régimen. La ambición desmedia y sus fracasos. Habla de Albatros y de cómo poetas o escritores de sensibilidad extrema en la escritura, en su vida real eran tiranos. Después comenta que escribir para que te quieran más es comedido o se ajusta mejor a las posibilidades de un poeta. El propósito esencial de la poesía es cambiar la vida. No hay que hacer inmortal al poeta sino al lector.


Lee pausadamente, hace algún comentario mirando al público y vuelca de nuevo la vista en los folios. Anoto alguna cosa: Hay que matar el claro de Luna. Contradecirse es vivir.


Cierro mi cuaderno. Lo guardo en el bolso. Juan deja los folios y se pone a hablar porque ha dejado un hueco en blanco para la improvisación. Habla de la vida de Maiakovski. Me fijo en sus manos. Tiemblan. También sus párpados. Sus mejillas están tensas. Cuando sonríe hace una mueca. Me parece atractivo. Su inseguridad al hablar, también. Deberían editar un libro con todos sus discursos. Es realmente bueno.


Cuando termina la conferencia nos acercamos a saludarlo. Se alegra de vernos. Nos recibe con una sonrisa. A él, como a Garriga, no le damos un ejemplar de álbum de familia, porque lo tienen de hace tiempo. Conversa con Loli, que es quien más lo conoce. Le contamos algo de Garriga. Al final, nos hacemos una foto. Fernando Paz, Director de Desarrollo de La Fábrica Editorial, se ofrece a hacerla.

María Tena, Juan Bonilla, Marcos Giralt Torrente y Patricio Pron, con nosotras.

Bajamos los cinco pisos y decidimos dar el viernes literario por finalizado. Sin quitarnos la chapa, como si lleváramos el backstage de un concierto colgado al cuello, tiramos para la zona de Huertas. María fuma un cigarro. Loli habla sobre Bonilla. Yo respiro el aire de Madrid, tan diferente al malagueño. Hace frío, pero no molesta, no cala los huesos. Llegamos a una calle donde acaba de comenzar "la marcha" de los viernes. Alguien nos ofrece un descuento en copas, alguien nos pregunta por un bareto. Nosotras sólo queremos cenar algo en un lugar tranquilo. Lo encontramos cerca. Procuramos que la cena no sea muy pesada. Recorremos distintos instantes del día, desde la llegada a la estación Zambrano por la mañana temprano, hasta la llegada a Atocha, la odisea de las entradas, las chapas con la coma, y las distintas conferencias a las que hemos tenido la suerte de acudir. Se nos han quedado muchas atrás, pero muchas otras llegarán nada más empezar el día siguiente. El sábado 13 de noviembre promete, comenzando por un buen desayuno en el Hotel de las Letras, en Gran Vía, junto a escritores, a organizadores del festival, etc etc. Pero antes, nos despedimos de María, subimos al Hostal y en un santiamén, el que dista entre la ducha, el pijama y las llamadas a casa, nos ponemos a escribir una crónica para nuestro grupo puntoyseguido. Loli tiene que salir a pedir la clave del wifi. Una vez obtenida, mi netbook se lanza al ciberespacio y desde esas camas del hotel Astoria, nos comunicamos casi a las 2 de la madrugada, con nuestros compañeros aquí en Málaga. Todos a la vez sonreímos. Estamos disfrutando juntos, como siempre. Los siete.

Buenas noches.

Continuará...

(Con Isabel Muñoz, los hermanos Tusquets, Espido Freire, Jan Cruz, Manuel Leiva, Almudena Grandes, Pablo Álvarez, Julia Gutiérrez Caba, Vicente Luis Mora, Rafael Chirbes y nuestra estrella del festival: El gran Andrés Neuman).



Fotografías propiedad de Isabel Merino González.

I.M.G.