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miércoles, 26 de junio de 2013

I PREMIO del I CERTAMEN MARÍA CARREIRA (ANTEQUERA)

El pasado día 15 de Junio tuvo lugar, en el Hotel Antequera Golf,  la entrega de premios del I Certamen de Relatos María Carreira (Antequera), organizado por la Asociación Cultural  Alas de Papel, y tras la apertura de plicas, resulté ser la Ganadora del Certamen

Pero, empecemos por el principio, aunque esta fotografía ilustre el final

Entrega de premios I Certamen María Carreira
Jurado, familiares de María Carreira y premiados
El certamen fue todo un éxito de convocatoria, llegando a recibir, a nivel provincial,  un total de 76 relatos. En las bases se especificaba que los nombres del ganador, los áccesits y finalistas se darían a conocer en el acto de entrega, al cual estábamos todos invitados. Y digo estábamos porque tres de mis compañeros de Punto y Seguido y yo misma habíamos concursado, por separado, con uno de nuestros relatos. 

Ese día yo me encontraba celebrando la despedida de mi treintena con mis mejores amigas en un apartamento de la costa nerjeña, y desde allí nos fuimos para Antequera para asistir al acto. Durante el trayecto barajamos la posibilidad de que hubiese obtenido un premio, y con ese talante positivo llegamos al hotel Antequera Golf donde nos encontramos con mis compañeros de Punto y seguido, con otros conocidos de diferentes certámenes literarios y con los miembros de Alas de Papel, que nos invitaron a disfrutar del evento que habían preparado.

Queremos que sea algo diferente, algo divertido, nos dijo María José Amador, vicepresidenta de la citada Asociación Cultural. Y, para ello, en el hall de entrada del hotel, tuvo lugar la interpretación de de la Coral de San Sebastián dirigida por Esther Sanzo. La Coral, de negro, y en círculo, interpretó magistralmente varias piezas clásicas de cine, entre ellas algunas de mis favoritas, como Over the Rainbow (El mago de Oz),  o América (West Side Story). Acto seguido nos hicieron pasar al patio central, donde al aire libre, bajo una carpa junto a la piscina, tomamos asiento todos los asistentes que llegábamos a más del centenar. Allí, el presidente de la Asociación, Salvador Rivas, y varios miembros del jurado destacaron la gran calidad humana de María Carreira, así como su amor por la literatura; y ,referente a los relatos, destacaron no sólo la cantidad, sino la calidad de los mismos.  Después tuvo lugar la interpretación de varias piezas por parte de la violinista Lourdes Violeta Peláez. No sabría nombrar las piezas, pero sí puedo decir adónde me transportaron, y fue justamente a esa Inglaterra Georgiana de mi Jane Austen querida, y a algún rinconcito de mi Chawton St donde le rindo homenaje.

Debido a la gran afluencia de público, cada uno se sentó donde pudo, y así, los miembros de Punto y seguido, (a excepción de Andrea Vinci que vive en Mexico y de Mauricio Ciruelos que no pudo asistir), nos sentamos todos desperdigados en el patio de "sillas". Y dio comienzo el acto de entrega.
Familiares de María Carreira subieron al estrado a decir unas palabras y rendir homenaje a una gran mujer, querida por todos los que la conocieron y por toda Antequera, que vivirá en el recuerdo de todos  y desde ese día también en el mío. 

En primer lugar dieron los nombres de los finalistas, a quienes se hizo entrega de un diploma y de un lote de productos antequeranos. Entre los finalistas, nombraron a dos de los miembros de Punto y seguido, que salieron a recoger sus premios bajo una gran ovación por parte del público: 

Finalista: MIGUEL NÚÑEZ con su Relato "ALEJANDRO".

Miguel Núñez

Finalista: LOLI PÉREZ con su Relato "MAÑANA NO SERÉ YO".

Loli Pérez


Acto seguido nombraron a los dos áccesits, que además del diploma y del lote de productos antequeranos, recibirían 150 euros. Uno de los áccesits fue a parar a otro de los miembros de Punto y seguido, Pedro Rojano: 

Áccesit: Bárbara Gil con su relato "Nadando en Vertical"

Áccesit: PEDRO ROJANO con su relato "LÍNEA COSTERA". 

Pedro Rojano

A falta del ganador, el resto de participantes nos revolvíamos nerviosos en las sillas, esperando oír nuestro nombre, o dando ya el certamen por perdido. No habían dado las nueve y cuarto cuando dijeron el nombre del ganador:

Y el PRIMER PREMIO es para una historia de Amor Fraternal: HERMANOS, de la autora malagueña ISABEL MERINO GONZÁLEZ


Ovación del público y del jurado, y yo pasando torpemente entre las sillas para dirigirme al estrado a recoger mi premio. Me fue entregado un diploma, un lote de productos antequeranos, un lote de libros, un cheque de 300 euros y una estancia en régimen de Media Pensión, incluido Spa y Fitness, en el hotel de cinco estrellas LA MAGDALENA, perteneciente al grupo Antequera Golf. Tras los agradecimientos y los besos y fotografías de rigor, fui invitada a decir unas palabras al público. Todos los nervios de los que carecí hasta ese instante se me vinieron encima.


Mi agradecimiento fue para  Alas de Papel y María José Amador, y mi dedicatoria a la propia María Carreira, a mi grupo literario Punto y seguido y a mis amigas que me apoyan siempre y desde siempre y que estaban allí conmigo. 

El acto se dio por finalizado con un posado, cuya fotografía he colgado al principio de esta crónica, de todos los premiados con los once miembros del jurado y varios familiares de María Carreira, y proseguimos la fiesta con un cóctel cortesía del Hotel Antequera Golf y de Alas de Papel compuesto por varias bandejas surtidas de canapés, dulcecitos, copas, etc etc. Y allí nos quedamos charlando, riendo, posando para distintas fotografías, riendo, y lo que viene siendo disfrutando de una tarde -noche para el recuerdo.

Cuatro miembros de Punto y seguido premiados
Miguel Núñez, Isabel Merino, Loli Pérez y Pedro Rojano

Este premio, mi séptimo premio, ha sido especial y se ha convertido en inolvidable, por varios motivos:

Por ser mi primer primer premio, ya que los anteriores son segundos, áccesits y finalistas, y haber llegado justo antes de los cuarenta. Por haber ido acompañada de mi grupo Punto y seguido y de mis inseparables amigas: Patricia Monteagudo, Belén Galdeano, Nuria Ruíz y Gema Bernal. Por ser premiados los cuatro miembros de Punto y seguido que nos presentamos. Por ser un primer certamen de una Asociación que lucha por la literatura y la cultura, y por ser homenaje a una mujer que tanto amaba este mundo, a la cultura, y a sus amigos. 

Con Punto y seguido, amigos,  y mis amigas

Isabel Merino
@isamerino


Inmaculada Reina, miembro de Punto y seguido, escribió una crónica para nuestro blog. Si estáis interesados en leerla, y en leer alguna estrofa de los relatos premiados, os dejo el enlace. Merece la pena: PINCHA AQUÍ




miércoles, 5 de junio de 2013

No sé por qué y Patio de Locos: Andrés Neuman

El pasado 14 de mayo me encontré con amigo al que suelo mencionar bastante en este blog. Y unos días más tarde, el 22 del mismo mes, escribí una crónica de nuestro encuentro en el blog de Puntoyseguido escritores, que podéis leer en el siguiente enlace: PINCHA AQUÍ PARA LEERLA

Sin más preámbulos y tal y como se señala en el título de este post, este amigo, escritor reconocido internacionalmente, (poeta, traductor, cuentista, cronista, bloguero, y lo que le dé la gana porque puede sorprendernos, y gratamente, con cualquier cosa), no es otro que  Andrés Neuman. 

Andrés Neuman (Málaga)
Imagen Diario Sur
Cuando nos despedimos en diciembre, en la plaza de la Merced, frente a la casa natal de Picasso, con un abrazo y un hasta pronto, no supuse que ese hasta pronto llegase en apenas cinco meses. Le encanta sorprendernos (sorprenderme), con sus visitas sorpresa-relámpago. Lo supe de casualidad. Pero sabía que vendrías, me dijo sin dejar de sonreír un sólo instante. Ese es Neuman, un amigo que siempre invita a sonreír, cuya sonrisa en la mayoría de ocasiones precede y provoca la nuestra. 

Venía de rojo, con chaqueta al hombro, (como la cartera), con la barba recortada y el pelo crecido, desde la última vez. Igual de blanquito. Como yo. El marco en el que nos encontramos era único, distinto a las veces anteriores, frente al mar, en el Palmeral de las Sorpresas, (y menuda sorpresa), del Muelle 2 del Puerto malagueño. Un libro de título doble, fondo amarillo, e ilustración bicéfala, esperaba ser presentado: No sé por qué y Patio de locos

En este libro se reúnen los últimos poemarios de Andrés Neuman, que fueron publicados por separado, en Argentina, Mexico y Perú, y que han sido recuperados y revisados para esta nueva edición. Publica Pre-Textos. (Colección La Cruz del Sur).

Como comentaba en la crónica de Puntoyseguido escritores, Andrés llegó puntual, como siempre, y yo tomé asiento en primera fila, también como siempre. Y me dispuse a anotar todo lo que pude en mi bloc de notas. Primero, de la estupenda presentación a cargo del poeta y crítico literario Antonio Jiménez Millán, después, de casi cada palabra que dijo el autor. Obvié algunas. Podría haberme llevado la grabadora, pero me gusta escribir, a lápiz, a bolígrafo, a máquina, a ordenador, me gusta sentir el impulso de las letras correr por mis brazos, colarse entre mis dedos y pasar a la hoja en blanco, da lo mismo si es ficción, si es transcripción o como en este caso, hacer de escriba de lo que Neuman nos contaba en aquella sala acristalada frente a un enorme transatlántico de paseo. 

Andrés Neuman - Málaga
Imagen Isabel Merino
No voy a transcribir en esta entrada lo que escribí en mi cuaderno de notas, porque ya lo hice en la entrada del blog amigo que os contaba al principio, así que para los interesados en lo que Neuman dijo de cada parte de su libro, os remito a ella. Esta entrada sólo es una crónica anexa, un complemento a la anterior, ya que me sabía mal que los lectores que seguís a Neuman a través de Chawton St, no llegaseis a leer la que escribí en el blog de puntoyseguido, y es por ello, que he decidido contar aquí, de nuevo, algo sobre aquel día. Y bueno, también porque me gusta rememorarlo. ¿Acaso no se rememoran los buenos momentos pasados con los amigos? Pues eso. 

Cuando escribí la crónica aún no me había leído el libro, tan sólo había oído de boca de Andrés, los poemas que escogió para recitarnos. Algunos me emocionaron. Otros me provocaron cierta sonrisa socarrona. Otros me dejaron atónita. Ninguno me fue indiferente. Mi recomendación: leerlos. Absolutamente. Y, que conste, que no soy nada poeta, ni siquiera fiel amante de la poesía, pero como decía al principio, es que Andrés es mucho Andrés, y como escritor, puede con todo, y encima todo se le da bien. Esta es mi recomendación de hoy. Y si no os atrevéis con la poesía aún, pues no dejéis de leer algunos de sus libros, por citar algunos de mis favoritos: Hablar Solos, Una vez Argentina, El viajero del Siglo. Cuesta dividir afectos entre ellos, pues son todos hijos predilectos de mi biblioteca privada. 

Andrés Neuman con Isabel Merino,
Inmaculada Reina, Loli Pérez y Pedro Rojano
(miembros de puntoyseguido escritores)

Andrés y yo nos despedimos en la caseta de la Feria del Libro de Málaga, donde se quedó a firmar ejemplares de su bicéfalo. Mis compañeros de Puntoyseguido y yo, estuvimos rondándolo un rato, y él, dejándose rondar. Al final, las despedidas, el nuevo abrazo preludio del siguiente no se sabe dónde ni cuándo, pero seguro en mi próxima década. (Mi treintena expira en pocos días). Andrés se ríe de ello y me revuelve el flequillo. Siempre me revuelve el flequillo. Y yo, me río con él y lo dejo hacer. 



I.M.G. 
@isamerino


domingo, 2 de junio de 2013

Tres Rosas Amarillas

Curiosamente, el relato Tres Rosas Amarillas de Raymond Carver, donde se narran las últimas horas de vida del cuentista y dramaturgo Antón Chejov,  es uno de los favoritos de mi compañero de Puntoyseguido, Miguel Núñez. Quiero empezar diciendo esto. Y proseguir comentando que fue él quien hace unos meses nos habló del I concurso de relatos Tres Rosas Amarillas, convocado por la librería del mismo nombre, ubicada en Madrid, y especializada en relatos. Y, que fue él quien nos propuso que concursásemos. Hasta aquí el prólogo de este post. 

Hace un par de semanas, nuestro compañero Miguel Núñez, nos comunicó en una de nuestras reuniones semanales, que había recibido noticias del Concurso Tres Rosas Amarillas. Todos lo felicitamos sin saber aún cuál era su premio. Ni siquiera él lo sabía. Primero. Segundo. Tercero. O finalista. Pero no lo sabía. El resto de miembros del grupo no recibimos ese correo, pero como cuando uno de nosotros es premiado, en la forma que sea, lo tomamos como propio, lo celebramos como hacen los amigos, compartiendo, comiendo, bebiendo, brindando, etc. 

Días atrás, supimos que Miguel, con su relato "Uñas", estaba entre los dos primeros premiados. El certamen, a pesar de ser la primera vez que se convoca, había convocado a un número importante de participantes de todo el mundo, nada menos que 1.200 relatos. El logro, sin lugar a dudas, era importante. 

Y al fin, el sábado pasado, 25 de Mayo, Miguel viajó a Madrid a recoger su premio, sin saber si era primero o segundo. Nosotros, aquí, pendientes y haciendo apuestas. ¡Eres un gran escritor! ¡Eres el mejor! ¡Vas a ganar! Y así, todo el día. A partir de las ocho, dejamos de enviarle mensajes. Pero comenzamos a enviárnoslos entre nosotros: ¿sabéis algo? ¿habrá ganado? quien sepa algo que lo diga, ¿aún nada? Hasta que Miguel nos contó que le habían dado el 2º Premio por su fantástico relato "Uñas". ¡SEGUNDO PREMIO! Tan celebrado por Puntoyseguido como si fuera el primero. 


El primer premio recayó en el relato Cualquier cosa viva, de Almudena Sánchez. 
El segundo para Uñas, de Miguel Núñez 
El tercero para La aurora boreal de José Lorente. 


Al acto de entrega acudieron los premiados, así como los miembros del jurado, destacando la presencia de su presidente: Eloy Tizón (escritor madrileño, considerado como uno de los mejores narradores de cuento de los últimos años. 


Se ha editado un libro con los tres relatos ganadores, una joya que tengo en mi poder, dedicada, (y regalada), por mi amigo Miguel, (que hace un par de años consiguió el 1er premio del XI Certamen Dime que me quieres del Ayuntamiento y las Bibliotecas de Málaga). Os dejo aquí el enlace de la página Tres Rosas Amarillas, donde, quien esté interesado, puede solicitar o comprar el libro: PINCHA AQUÍ

Os dejo un extracto de Uñas, de Miguel Núñez: 

"...Cuando terminaba con las manos, su padre se situaba en un extremo del sofá y se colocaba sobre los muslos de las piernas de Elba, le desataba los zapatos y tiraba de la punta de los calcetines. Entonces ella dejaba de mirar la tele. Le gustaba ver a su padre cogiéndole los pies desnudos, apoyárselos en las rodillas y separar cada uno de los dedos...". 

¡Enhorabuena, Miguel!

Posadata: Para leer la crónica de nuestro compañero Mauricio Ciruelos escrita en nuestro blog de Puntoyseguido escritores, pinchar en el siguiente enlace: PINCHA AQUÍ



I.M.G.
@isamerino

viernes, 31 de mayo de 2013

Entrega de premios Dime que me quieres 2013

El pasado día 18 de mayo tuvo lugar, como ya comenté en una entrada previa, la entrega de premios del XIII Certamen Dime que me quieres. Y, tal y como se prometió, procedo a hacer una crónica de lo que aconteció aquella mañana en el Museo del Patrimonio malagueño:

María Jesús González, Pedro Rojano, Isabel Merino
Inmaculada Reina, Miguel Núñez, Loli Pérez y
Mauricio Ciruelos (miembros de Puntoyseguido)

Una mañana soleada aunque fresca, en Málaga, los compañeros del grupo literario Puntoyseguido, (junto a familiares y amigos), nos encontramos en la puerta del museo de cristal. Lo de museo de cristal es cosa mía, aquí nadie lo llama así. Pero es por ese tipo de asociaciones que se hacen, con sentido o no, que me hace recordar algún fragmento de uno de mis libros favoritos de Baricco: Tierras de cristal. Y con ello, la exposición universal de Londres de 1851, cuando se levantó el grandioso Crystal Palace. El museo del Patrimonio de Málaga no tiene nada que ver con ello, absolutamente nada, pero al ver los cristales, no sé por qué, mi mente hace esta conexión. ¿No es acaso esa una forma de escribir o de tentar a la narrativa? Una imagen que te lleva a otra y esta a la siguiente y es una de ellas, incluso puede ser la última, la que te tienta, o te suplica, o te genera una historia sobre la que escribir. Hasta aquí mi divagación, continúo:

Cuando subimos a la segunda planta, la sala donde se iba a proceder a la entrega de premios, ya estaba llena. Quizá con más público que de costumbre. Digo de costumbre porque es el cuarto año consecutivo que nos vemos las caras en la sala y que alguno de nosotros recoge un premio, por lo que saludamos a familiares, a amigos, y conocidos, y después al jurado, compuesto un año más por los escritores José Antonio Garriga Vela y Pablo Aranda, y la profesora universitaria Amparo Quiles. 

Jurado

El acto comenzó con unas palabras del director de las bibliotecas de Málaga, que enfatizó la labor que hacen las mismas, y que habló generosamente del certamen que cumple su treceavo año consecutivo. Amparo prosiguió con un discurso dinámico y que introducía las partes más significativas y entrañables de los relatos ganadores. Tras destacar su calidad narrativa y elogiar algunas de sus técnicas, dio la enhorabuena a todos los participantes. Pablo Aranda fue más breve, y apoyado por Garriga Vela, argumentó cómo fueron seleccionados los relatos ganadores, y Garriga Vela expuso la manera en la que toman la decisión final. Generalmente es un tira y afloja y una apuesta concreta de cada miembro del jurado por su relato escogido. Llegar a un consenso no es fácil. Y se tienen en cuenta ciertas variables, como la técnica y la calidad del relato. 

Isabel Merino, Pedro Rojano, Inmaculada Reina
y Fco Javier Rodríguez Barranco

Francisco Javier Rodríguez Barranco resultó ganador con su relato: La noche. Un relato que habla de los amores que sólo se han visto de noche, "La noche en el centro de Málaga es azul cobalto y metálica", noche que invita al amor y en la que tantos amores se tejen y destejen en instantes. 

El segundo premio recayó en mi relato Los ojos de Isabel, relato dedicado a mi abuela materna, y que comienza así: "La madre de mi madre tiene los ojos de mi madre, y también los míos. Y a veces, cuando me miro en el espejo creo que soy ella". 

El tercer premio recayó en Rocío Díaz Gómez, que no pudo acudir,  y su relato: Tengo que hablarte de las leyes de Newton. Por destacar una frase del relato, destaco la que sobresaltan en el libro: "Créeme si te cuento que nuestra historia comenzó por eso, porque la ley de la inercia nunca falla". 

Entre los finalistas, los relatos de mis compañeros: Pedro Rojano (Antártida) e Inmaculada Reina (La vida en el calendario). También destacar el de una ilustradora de nuestro grupo, María Jesús González con su relato Anuncio por palabras. Tres relatos que por su calidad narrativa podrían haber sido perfectamente los ganadores del certamen. 

Tras recoger y agradecer nuestros premios, Francisco Javier Rocríguez procedió a leer parte de su relato. Digo parte, porque es un relato bien largo, y aunque es dinámico de leer, hacerlo en voz alta en un acto puede resultar abrumador tanto para quien lo lee, (que necesitó gafas prestadas, gracias a la amabilidad de Amparo), como para quienes lo escuchan en un acto así. He de decir, que a pesar de ello, cumplió las expectativas por lograr hacerlo ameno. 

El ganador del certamen leyendo su relato

Hace años que este tipo de actos no son amenizados con copas ni con ágapes, pero sí nos hicimos fotos, sí nos hicimos con varios ejemplares de los libros que recopilan los relatos, y sí cotilleamos, charlamos, intercambiamos correos electrónicos, blogs, twitters, facebooks, etc.

Para mí fue, quizá, el certamen que más he disfrutado de todos, ya que además de venir mis padres y amigas, como cada año, pues vinieron unos tíos míos, una de mis hermanas y dos de mis sobrinos, que a sus 2 y 5 años quisieron acudir con corbata porque iban a ver a su tita recoger un premio. Eso, y que premiaran un relato dedicado a mi abuela. ¿Se puede tener más suerte? No sé, yo me conformo con este día y lo viví a tope. ¡Gracias! 

Hasta aquí lo que se puede contar, el resto, amig@s míos, como podéis imaginar, voy a dejarlo en el aire, y que cada cual se imagine la forma en que todos y cada uno de nosotros prosiguió el día, juntos o por separado, y cómo celebró, cada cual a su manera, este acto, y estos premios recibidos. 

Hasta el año que viene. (Entre nos, yo seguiré intentándolo. ¡A por el primero!)

Posdata: Podéis leer una crónica más breve, escrita por Miguel Núñez, compañero de Puntoyseguido, que obtuvo el primer premio de este certamen hace dos años con su relato Lluvia: Pincha aquí



I.M.G.
@isamerino

domingo, 26 de mayo de 2013

Madera podrida con un clavo oxidado (Crónica anexa)

El pasado 8 de mayo, acudí a la presentación del último libro publicado por el escritor sevillano José Luis Ordóñez, (Sevilla, 1973): Madera podrida con un clavo oxidado, premiada con el Accésit del II premio Wilkie Collins de novela negra. 

La presentación tuvo lugar en la librería Rayuela de la plaza de la Merced (Málaga), a escasos metros de la casa natal de Picasso, oculta entre bares y terracitas. 

Esta última frase, la de oculta entre bares y terracitas, me la digo a mí misma para tratar de justificar la escasa afluencia de público. ¡Ellos se lo pierden!, pensé. Cada vez acude menos gente a este tipo de actos, que a la inversa de como solía ocurrir antes, se han vuelto bastante dinámicos y participativos, justo ahora que el interés literario parece haber decrecido o al menos esa es la sensación que me producen las butacas vacías cuando acudo a uno de ellos.

 José Luis es amigo desde hace unos años y sigo su carrera literaria, no sólo por la amistad que nos une, desde que fuera mi profesor en un taller de escritura literaria hace unos años, sino por la calidad de su trabajo, que siempre es una garantía a la hora de comprar un libro. 

Podéis leer la crónica que escribí para el blog de Punto y seguido escritores, pinchando en el siguiente enlace: PINCHA AQUÍ



Cubierto ya el tema de haber escrito una presentación del libro en el blog de mi grupo literario, ¿por qué escribo nuevamente sobre el tema en mi Chawton St.?

1. Porque no todo el que conoce Chawton St o pasa por aquí, conoce Puntoyseguido escritores, y ha podido no leer la crónica que escribí y tal vez les resulte interesante.

2. Porque este libro merece publicidad, pero sobre todo, merece ese fin por el que ha sido escrito: para la lectura y disfrute de tod@s. Y prosigo:

Cuando escribí la crónica en www.puntoyseguidoescritores.blogspot.com , aún no había leído el libro, ya que lo compré el mismo día de la presentación. Se trata de una novela negra, en la que prima el diálogo, estructurada en capítulos breves y, como comentaba en mi crónica, que como en el western, los asuntos se resuelven con rapidez para pasar al siguiente. 

Aquí entre nos, no soy lectora de novela negra. Ni siquiera aficionada al cine negro. Yo soy más romántica, por un decir, sin caer en el rosismo, (como yo le digo), pero me gusta que haya amor, humor, cierto toque intimista, etc, pero no me gustan los tiros, la sangre, los asesinos o las timbas fuera de una pantalla de cine, (y dentro de ésta, sólo dirigidos por un buen director y con un guión que merezca la pena). Y, sin embargo, durante las últimas noches no he podido despegarme del libro, ni me he soltado del brazo del Errol Flynn que tan bien retrata el autor. Y, además, es que McGinty, el protagonista, (asesino profesional), me cae bien, incluso me divierte, si se me permite decir eso de un tipo así. Por eso he venido a contarlo aquí, entre amigos. 

Madera podrida con un clavo oxidado es un libro lleno de sorpresas, que se imagina en blanco y negro como las películas de la época dorada de Hollywood, que se lee tan de corrido como el escritor lo escribió, que sorprende e intriga. Que, sin duda, merece ser leído y comentado. Y hasta aquí mi sugerencia. Si os he convencido, leedlo y venid a comentarlo. Aún queda mucho que decir sobre él. 

José Luis Ordóñez

I.M.G. 
@isamerino

viernes, 8 de marzo de 2013

Paseando con Baricco y Mr. Gwyn.

Plaza de la Marina (Málaga)
Cuando uno pasea por las calles de su ciudad, o de una ciudad cualquiera, sin rumbo fijo aparente, una calle le lleva a otra, y esa otra a una más, y finalmente, entre las muchas cosas posibles que pueden suceder cuando nos paramos, uno acaba perdido, encontrando lo que buscaba, o simplemente descubriendo un nuevo lugar que consigue sorprenderle. Así vagueo yo por las calles de Málaga, o de  internet, como vosotros mismos, que habéis llegado aquí con, o sin, razón aparente. 

Ayer me detuve en la Suite 101, en un artículo de Carmen Duarte que hablaba de Las minas de Oro. No sabía, sinceramente, qué estaba buscando, y cuando me detuve en su artículo, supe que era justo adonde quería llegar, sólo que, (como suele ocurrir),  no lo sabía. Y eso, me cambió la tarde. 

El artículo hablaba sobre Encontrar la mina de oro. ¿Cómo buscar ideas para una novela? Y en ese punto exacto de perdición y de necesidad, me encontraba yo, tras desechar los últimos, y a la vez primeros,  veintiún folios de lo que venía siendo mi novela

Para un escritor, no tener tema de que escribir es una agonía que le puede llevar a la desesperación de manera tal que en ocasiones se paraliza. 

Cuando un escritor no puede escribir siente que el mundo se le viene encima porque ha perdido el gusto por la creación. 

Yo no soy escritora, aunque, a veces, me identifico con ese oficio que ocupa parte de mi cotidianidad. No ejerzo como tal, ni me gano la vida con ello, (ya quisiera), el nombre me queda grande, y aunque formo parte de un grupo literario desde hace años y bla, bla, bla, puedo decir que lo que realmente soy, o llevo varios años siendo es: aprendiz de. 

Como aprendiz de, he sufrido los mismos síntomas, no sé si en igual medida, que afectan a un escritor, cuando la falta de ideas o el temor a la hoja en blanco se convierten en un terror de dimensiones desorbitadas. Puede sonar exagerado, y lo es, pero juro que el colapso que provoca en tu rutina diaria es una desorientación desoladora. 

Cuando alguien descubre que es escritor, no podrá parar de serlo hasta el último día de su existencia. Por tal motivo, se puede decir que la carrera del escritor es de por vida. 

La creación,en cierta manera, se comporta como el cuerpo humano. Si un individuo no ejercita el cuerpo, sus músculos se pondrán flácidos y perderán fuerza. 

Para vivir en abundancia de ideas, o sea, para vivir dentro de una mina de oro, se debe trabajar sin parar aunque el escritor se encuentre en medio de la adversidad. 

Llegados a este punto del artículo, probablemente al final del mismo, siento una necesidad también desorbitada no por ponerme a escribir, sino por leer. Descarto el Kindle porque justo este momento es de hojas de papel, repaso mi estantería esperando la llamada. Y al final llega.  Un libro es siempre el que escoge el momento que ha de ser leído y quién ha de leerlo, o al menos, así se comportan los míos. 

Mr. Gwyn de Alessandro Baricco
Bajo una montaña de libros, libretas, carpetas, etc, sobresale un ejemplar de Mr. Gwyn, el último libro de Baricco, uno de mis escritores favoritos. Lo compré en Madrid, el mes que salió a la venta en España, y tras leer unas treinta páginas, lo dejé allí mismo, donde acababa de rescatarlo. Empecé por donde deben empezarse las cosas, por el principio, y supe entonces que Baricco, como siempre, había acudido en mi ayuda. Al final, todas las cosas, (mis cosas),  llevan a Neuman, a Austen, o a Baricco. Qué curioso, ¿no?

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Mr. Gwyn
(...)
Mr. Gwyn: No tengo nada más que añadir: dejo de escribir y punto.
(....)
Editor:  (...) Yo esa frase ya la he oído docenas de veces, a mí me la han dicho una cantidad de escritores que  tú ni siquiera te imaginas. (...) ¿Y sabes qué te digo? Ni uno de ellos lo ha dejado de verdad; eso de dejarlo es algo imposible. 
(...)
Lo que le ocurrió, de todas formas, fue que acabó echándosele encima, con el paso de los días, una singular forma de desasosiego que al principio le costó comprender, y que sólo al tiempo aprendió a reconocer: por muy molesto que le resultara admitirlo, echaba de menos el acto de escribir y el cotidiano cuidado  con el que poner en orden pensamientos en la forma rectilínea de una frase. 
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Ese extracto, sacado entre las páginas 16 y 17 de mi ejemplar de la editorial Anagrama, me llevó de vuelta a la Suite 101, y esta, de vuelta al libro. Seguí hasta la página 52, y otra respuesta, o pregunta, o bombilla: Tal vez, sería necesario saber también qué clase de libro estás escribiendo (...).



Parafraseando al autor en la página 55, podría decirse, que El asunto de las bombillas podrá parecer de escasa relevancia, pero en cambio, se convirtió en una cuestión crucial. 

Baricco leyendo Mr Gwym a la luz de una bombilla 

Apagué el ordenador, cogí un abrigo, un bonobús, me lavé los dientes, y salí a la calle. No sé si fue en ese orden, pero sí sé que al final estaba la calle. Seis y poco de la tarde de un día que había sido lluvioso y que se había tornado en tranquilo y primaveral. Elegí el autobús de mayor recorrido, el Circular 1. Solos yo y mi ejemplar de Mr. Gwyn. Subimos al autobús y elegimos un asiento al fondo, pegado a la ventana. Y yo continué preguntando, o leyendo, y él respondiendo, o dejándose leer. 

Me bajé en el parque de Málaga con la sensación de estar haciendo algo diferente. Con la sensación de estar llegando a un punto de inflexión que es capaz de cambiar tu rumbo y derivarlo hacia algo importante. Cuando llego al Muelle Uno, con Baricco, (Mr. Gwym), bajo el brazo, sintiéndome acompañada y arropada por él, comienzo el descenso de las escaleras sin quitar la vista del mar tranquilo y sosegado del puerto malagueño. 

Muelle Uno con La Farola al fondo
(Málaga)

Barcos blancos salpicados por el muelle. Y al teléfono, un buen amigo, compañero de sueños literarios. Mr Gwyn, como Baricco, es un reciente y a la vez viejo conocido para él. La charla dura varios minutos. Mientras cruzo el Paseo de La Farola, mi amigo me cuenta los lugares que ha visitado, y me habla de una nueva pasión por un acontecimiento  histórico, por un lugar, y unos hechos, y surgen personajes, historias, y nos entendemos, y la luz del atardecer se va tornando naranja, o rosada, casi roja, y se refleja en el mar junto a la catedral, la Alcazaba y el Edificio de la Equitativa. 

La Farola desde El Palmeral
(Málaga)

Y camino hacia el paseo del Palmeral, y entendemos, de repente, que todo está ahí, que todo lo que nos rodea son historias, personajes, todo esperando ser escrito, y que las minas de oro de las que hablaba Duarte están dentro de nosotros. Y, finalmente, aliviados, si se puede decir aliviados, comprendemos, una vez más, que por más que queramos, no podemos dejarlo. Y que si no escribimos hoy, lo haremos mañana, pero que eso de dejarlo, es algo imposible. 

Baricco

Ni uno de ellos lo ha dejado de verdad, digo. Y mi amigo asiente. Cuelgo el teléfono y me siento en un banco de piedra. 



Hago algunas fotos. La luz es sensacional. 

Muelle Uno
(Málaga)
La Farola, blanca, al fondo, recortada entre cielo y mar. Un montón de barquitos, como letras salpicadas en un texto. Abro el libro y continuo leyendo, a pesar de los transeúntes. Soy un bicho raro, le digo a Mr. Gwyn. Y él se encoge de hombros y dice: No somos personajes, somos historias.

Mientras leo, en El paseo del Palmeral
Al fondo, La Farola y el Paseo
Muelle Uno
(Málaga)

Cuando empiece el primer capítulo de lo que será, espero, una novela, que se alejará de la anterior y de los cuentos que he escrito anteriormente, sé que Baricco volverá, y que a través de Mr. Gwyn preguntará: 


- ¿Qué tal, todo bien?
- Sí.
- ¿segura?
- Sí, eso creo.





Sé que Jasper Gwyn, como tal vez alguno de vosotros, se preguntó justo en ese instante, si volvería a verme. Y yo, vuelvo a parafrasearlo, (he aprendido mucho de él), y le, os, respondo: 

- Dentro de muchos años, en otra soledad. 


Calle Larios
(Málaga)




A Alessandro Baricco, que siempre está ahí cuando lo necesito. 











GRACIAS.


I.M.G.
@isamerino


miércoles, 24 de octubre de 2012

Un día en la oficina del INEM

Por cuestiones que no vienen al caso, hoy pasé la mañana en la oficina del INEM. Pasar la mañana, toda la mañana, en una oficina de este tipo se está volviendo, desgraciadamente, demasiado cotidiano en este país. Supongo que también en el resto, por lo de la crisis mundial y esas cosas, pero no voy a hablar de estadísticas, de porcentajes, de cifras concretas ni nada de eso. Cuando cuelgo mi traje de números en casa, sólo hablo de letras. Y hoy, lejos de alabar o criticar ningún sistema, o de enumerar  parados, prestaciones, reducciones de jornadas, EREs, ERTEs, y cualquieras otras siglas a las que antes no les echábamos cuentas y que hoy son nuestro pan negro de cada día, voy a relatar cómo ha sido una mañana cualquiera, mi mañana, en una de estas oficinas. 

Pero comencemos por el principio: 

Una vez que la empresa en la cual prestas tu servicios te comunica que estás despedido o que formas parte de un expediente de regulación, etc, debes solicitar una cita en el Servicio de Empleo para regularizar tu situación y sobre todo para acceder y solicitar, si procede, la prestación. Lo más rápido es solicitar cita por internet. En mi caso lo hice en la página del Servicio Andaluz de Empleo. PINCHA AQUÍ PARA SOLICITAR CITA. Lo normal es que la primera fecha que te ofrezcan sea dentro de diez días, depende de la oficina, en algunas son menos. Y me dieron cita para hoy.

Aparcar en las inmediaciones de tu oficina del INEM, sea cual sea, está descartado. Es mejor caminar desde casa, o escoger cualquier otro medio de transporte. Nunca hay sitio. Nunca es nunca, así que NO te lleves el coche. Caminé pues, desde casa, y cuando llegué a las puertas de la oficina esperaba una fila india de personas en la puerta como la que suelen mostrar los telediarios. Pero no fue así. Tal vez lo fuera a primera hora de la mañana, pero a media mañana, y con amago de lluvia, no había cola en la puerta. 


Buenos días. Buenos días. Tengo cita previa. Pase. Pase. Llego hasta la puerta y ahí se resuelve el gran misterio de por qué no había gente en la cola de la puerta. Toda la gente está dentro. Arremolinada, como decimos aquí. La temperatura, nada más entrar ha subido varios grados. Me quito la chaqueta. Me temo que esto no va a ser tan rápido como esperaba, a pesar de la cita previa. Son las once y cuarto. Tengo cita a las once y media. Imposible sentarse. Cuento los bancos y no llegan a treinta. Todos ocupados. La gente que está de pie, (los arremolinados que os contaba), deben ser más de cincuenta. Todos miran hacia arriba, como al techo, y se quejan del calor. Dirijo mi mirada hacia el mismo lugar, un televisor, sobre un pilar,  en cuya pantalla se suceden una lista de apellidos y nombres y un número de mesa. Y me convierto en uno de ellos. El próximo en entrar me verá en la misma posición que al resto, mirando casi al techo, sudando. 

Un cuarto de hora más tarde de la hora en que había obtenido mi cita, aparece la inicial de mi nombre junto a mis dos apellidos en la pantalla. Mesa 16. Acababa de conseguir un asiento. Lo cedo con pesar. Me levanto y me dirijo a la mesa pensando que después de eso ya habré terminado. Pero no. 

Hay más gente que en la guerra, (expresión muy de aquí),  cuando finaliza mi primer turno de papeleo, y la empleada del INEM me dice que ahora debo esperar a que mi nombre salga de nuevo en la pantalla para que me atiendan en Prestaciones. Me sugiere que busque asiento, (pero ¿dónde? me pregunto mirando a mi alrededor), pues  la cosa va lenta y hay retraso de al menos una hora. No lo entiendo, con el montón de mesas que hay. Vuelvo a mirar a los arremolinados, cuyo número crece y crece, ya apenas se ve el suelo, y me respondo a mí misma. Vale. No hay suficientes mesas ni empleados para tanta gente. El calor sofocante es calor humano. Aún no han puesto la calefacción. No creo que en este lugar haga falta ni en pleno invierno. Podríamos derretir un iceberg gigante si nos lo propusiéramos. Seguro. 
 Han pasado veinte minutos y he conseguido sitio. Al fondo. La silla tiene el respaldo roto, pero no me importa. Es incómoda. Tampoco me importa. ¡He conseguido sitio! En lugar de gritarlo a los cuatro vientos, como querría, soy más discreta y lo comento por whatsapp. Del otro lado recibo un emoticono de unas manos aplaudiendo. Me siento comprendida. Respondo con un emoticono que a la vez que sonríe se sonroja. Apellidos que no son los míos se suceden en la pantalla. Uno tras otro. Más lentamente de lo que quisiera. Así durante, casi, dos largas horas. 


Ha seguido llegando gente, pero ya no los cuento, me he integrado en un grupo. Somos siete. Mi número favorito. Los puntoyseguido también somos siete. Seguro que me trae suerte. Mi grupo lo formamos: 

- Una Sra, de amplísimas caderas,  que dice tener 58 años muy bien llevados. Ha sido matrona durante 35 años, en el Materno, en el Clínico, en Carlos Haya, en el Civil, en Gálvez, enumera. Ha ido para acompañar a su hermana, porque ya se sabe todos los trámites, dice, ya que ha acompañado a su hijo, a su nuera, a un vecino, y sabe de lo que va. Pero que no entiende el retraso. ¿Y usted dónde trabaja? ¿Conoce a un delineante llamado Tomás?, me pregunta. Después se vuelve a un caballero del grupo y le pregunta su edad. Le comenta que ella nunca ha tenido que pedir el paro. 

- El caballero, un señor con bigote cano y calva pronunciada, que le confiesa a la matrona tener 61 muy bien llevados él también, a pesar de los dientes. Le faltan varios. Y nos va a explicar por qué. Sí. Sí. Sí. Insisto, dice. Y nos habla de la enfermedad de su mujer, que murió, en paz descanse, y que lo de los dientes vino por el disgusto, le dijo el médico. Tiene dos hijos que han salido muy buenos, pero que no han llegado a ministros porque no estudiaron tanto, pero son buenas personas y lo tratan bien. ¿A qué hora tenía usted la cita, Srta?, me pregunta. 

- La hermana de la matrona. Menos gruesa. Misma cara. Habla menos, pero mueve la cabeza asintiendo a todo lo que oye, como un perrito de esos que antiguamente se llevaban en la bandeja trasera de los coches. ¡Qué mal está el país!, se queja después de un suspiro. Y no es tiempo para traer niños. Aunque  claro, antes se estaba peor, y la de niños que se tenían. Y todos salían para adelante. Antes se estudiaba con un solo libro. Se pasaba de un hermano a otro: La enciclopedia Álvarez. ¿La estudiaron ustedes? El caballero y la hermana asienten. El resto no dice nada. Eso sí que era un buen libro. Allí estaba todo lo que uno pueda querer aprender en la vida. 

- La rubia. Mira la pantalla fijamente. Nos oye. No suelta ni prenda. No contesta nada. Ni siquiera sonríe. Al fin sólo dice: Yo tenía cita a las once y media y llevo más de una hora aquí. Esto es inconcebible. Vuelve el silencio. Su cara rancia. Aprieta el bolso en su costado. No debe tener más de cuarenta y muchos. O igual tiene mi edad. 

- El negro. También tenía cita a las 11:30, pero lleva con humor el tiempo perdido, el sudor, y el que cada vez que sale un nombre y apellido que parece extranjero alguien de alrededor le pregunte si se trata de él. Yo me llamo Fernández. Manuel Fernández. Vamos, Manolo. Se carcajea y muestra sus dientes blancos. Extremadamente blancos. Es el primero del grupo en ser llamado. Se despide con la mano y nos desea suerte. 

- El moro. No entiende nada. No sabe nada. No habla españolo. Españolo no. Bueno, sí, un pocco. Pero pocco. Se levanta. Se sienta. Levanta los brazos. Sube una pierna. Se revuelve en su asiento. Mucha gente aquí. País hunde. Se pone una gorra. Se la quita. Se levanta. Pierde su asiento. 

- Y yo. Hago un par de jugadas al Apalabrados en el móvil. Contesto un par de whatsapp. Hago una foto del caos humano que hay en la oficina. Debe haber ya más de cien personas de pie, y siguen entrando. La envío por whatsapp. Abro el Aldiko ebook y comienzo el tercer capítulo de Pride and Prejudice. En inglés leo más lento, si no, me habría terminado el libro durante la espera. La batería se agota. Me uno a las conversaciones de la matrona con su hermana y con el caballero del bigote. 

Han pasado dos horas y al fin salen mis apellidos en pantalla. Justo antes de que empecemos a intercambiar teléfonos y quedemos para tomar café y forjemos una duradera amistad los miembros de este grupo que en el whatsapp probablemente se renombraría como: INEM waiting, o algo así. Siempre se me ocurren nombres absurdos para los grupos, y siempre cae alguna palabrilla en inglés. Me gustan los gerundios. 

En la mesa 30, de prestaciones, me atiende un hombre que no sabe muy bien qué hacer con mis papeles. Pregunta. Resuelve. Me hace rellenar un impreso con un bolígrafo al que se le sale la tinta. No soporto esos bolígrafos. He traído el mío propio, pero insiste en que use el suyo. Me da como dentera. Al fin, en diez minutos, hemos terminado. Mi estómago se queja. Mi termostato interior ya se ha adaptado a la temperatura. Antes de irme me acerco a saludar a alguien que conozco. Por suerte está sola en su mesa en ese momento. Hemos cruzado unas palabras amables, sinceras, simpáticas. Doy recuerdos para su familia, que durante años sentí, aún siento, qué locura,  como mía, y nos despedimos. Y no es esa la única despedida, no, aún tengo que despedirme de la matrona, su hermana, el caballero de bigote, la rubia sosa y el moro. Manolo ya se ha ido. 

En la puerta, me encuentro con un compañero. Quedan quince minutos aproximadamente para que cierren las puertas. Hay incluso más gente que cuando llegué a las once de la mañana. Me han dicho que esto es así continuamente, le digo. A él aún le queda más de una hora de espera por delante y seguro que en unos minutos él también habrá formado un grupo. 

Un día más en el INEM, suspira alguien en la cola de fuera. Las nubes se han elevado y ya no amenazan lluvia. Aprieto contra mi pecho la carpeta con la documentación y echo a andar.  

En el telediario han mostrado imágenes de otra oficina de empleo. Nunca es la misma, aunque todas parecen iguales. Tantas esperanzas y desesperanzas convertidas en papeles. En burocracia. Son tiempos difíciles. Muy difíciles, acotemos correctamente. Pero tenemos que sobrevivirlos. Vamos a sobrevivirlos. Otros lo hicieron antes que nosotros y otros lo harán después. De aquellos llevamos los genes. Los otros llevarán los nuestros. ¡Adelante! ¡De esta también saldremos!





I.M.G.



A todos los afectados por esta tremenda crisis mundial. 

jueves, 20 de septiembre de 2012

El Valle del Loira (Vale del Loire) 2ª Parte

Blois
La ciudad francesa de Blois se encuentra en una excepcional ubicación: un promontorio rocoso formado por la confluencia del Loira y un pequeño riachuelo, fácil de aislar y defender.  

Nosotras llegamos a Blois en tren desde Amboise. La distancia es corta. Los nubarrones que nos acompañaron todo el día, en lugar de quedarse y romper en lluvia, siguieron su camino hacia otros lares. Nuestro hotel estaba situado cerca de la estación, al otro lado de las vías, cruzando el puente. Mi primera impresión de Blois mientras caminaba hacia el hotel con la maleta, los pies y los bajos de los pantalones chorreando de la lluvia de Amboise, fue de abandono. Un edificio que en otra época debió ser imponente, se desmoronaba frente a la estación. Apenas nos cruzamos gente. Las nubes aún seguían camino de alguna parte. No, ese instante no me embrujó, más bien, me puso alerta. ¡Ay, Dios, ¿será toda la ciudad así?! 

El hotel, de una conocida cadena, y con alta puntuación por sus clientes, nos sorprendió con sus colores vivos, su mobiliario contemporáneo, y la amabilidad de su personal. Subirse en el ascensor era como viajar dentro de una película hollywoodense, caminar por los pasillos era como un paseo por una nave de La guerra de las galaxias, tubos fluorescentes se iluminaban a nuestro paso. La habitación era también un conjunto de colores y neones que nos hizo reír a carcajadas. Había luz debajo de la cama, la mesita de noche era un cubo de luz, la ducha además de agua, lanzaba rayos de colores fluorescentes que cambiaban del rojo al verde y al azul en cuestión de segundos, la banqueta del baño era un avestruz con la boca abierta. ¿Dónde nos hemos metido? Pensamos mientras con el secador de mano le quitábamos la humedad a la ropa y a las maletas mojadas por la lluvia. De acuerdo que la decoración era bastante llamativa, por decirlo de manera suave, pero también es cierto que volvería, pues el trato recibido fue excelente, y también la limpieza, y el desayuno buffet tan variado, aparte de su ubicación tan cercana a la estación. 

Hacía fresco, (pues vaya con los andaluces que al frío le llaman fresco, diría una vieja amiga mía), y nos planteamos comprarnos una sudadera y calcetines en la primera tienda abierta que encontrásemos, pero ¡ay, amigos, era domingo!, y Blois en domingo se convierte en un desierto y por más que te recorras la ciudad entera, apenas encontrarás algo abierto, o gente andando por sus calles, ni siquiera turistas. Así que nos cruzamos de brazos, aguantamos el frío con los dientes apretados, y seguimos caminando. (En Málaga, nos decían nuestros familiares, corría una brisa caliente de 40 grados)

Calle de Blois un domingo de Agosto


Tras estos breves párrafos pudiera parecer que Blois no fue en absoluto de nuestro agrado, y nada más lejos que eso. Cuando nos retiramos de la zona de la estación y nos encaminamos hacia el centro, y nos encontramos con el fantástico castillo de Blois, la Cathédrale St-Louis o la Église St-Nicolas, nuestra impresión mejoró considerablemente, y a día de hoy puedo decir que Blois es un muermo los domingos, o un muermo por la noche, pero es fascinante recorrer sus calles y sus jardines y admirar su belleza. Blois te transporta a otro tiempo y lo increíble es que paseando por sus calles peatonales, de verdad te olvidas del tiempo real. Cuando conoces el verdadero Blois, aquel que se convirtió en feudo de los poderosos condes de Blois, vasallos del rey de Francia y condes de Tours, Chartres y Champagne, quisieras quedarte, al menos, un día más, como poco. 

No llegamos a tiempo para la visita del Castillo de Blois, pero si nos esperábamos unas horas, podríamos acudir a ver el espectáculo musical y de luces que nos convertiría en testigos de la historia del mismo. Empezaba tarde, y ya habíamos recorrido todo el centro, habíamos descubierto plazas que no venían en los planos, habíamos recorrido todo el circuito del puerco espín, (existen varios circuitos que son señalados con chapas metálicas en el suelo y el dibujo del animal que representa esa ruta), visto todos los escaparates y habíamos inmortalizado en fotografías digitales todo a nuestro paso. Sólo nos quedaba cenar, antes de que empezara el espectáculo.

Por más que lo intentamos, esa noche nos quedamos sin cena. No había un sólo restaurante abierto, o al menos un sólo restautante asequible. Ni siquiera un McDonalds, que puestos a tener hambre, siempre soluciona la papeleta. Buscando un lugar donde nos dieran algo de comer, llegamos al hotel, donde por cortesía de la casa te daban gratis té, café y magdalenas, que ya habíamos degustado por la tarde. Preguntamos por algún restaurante cercano y nos quejamos de que todo estaba cerrado. La chica de la recepción sonrió y nos dijo: Bienvenidas a Blois. No tuvimos ánimo, después de un día tan ajetreado, de volver al centro para la visita nocturna del castillo así que nos acostamos pronto,  para paliar el hambre, y para estar frescas al día siguiente, pues nos esperaban los majestuosos castillos del Loira, los que empiezan por CH.

Creo que me dormí nombrando cada uno de ellos, la ruta la teníamos en mente, el coche de alquiler lo recogeríamos por la mañana, ya sólo quedaba soñar y esperar amanecer. A las 7 sonaría el despertador. 

Chambord. Cheverny. Chenonceau. 



I.M.G.