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lunes, 12 de mayo de 2014

MIS FERIAS DEL LIBRO

Este año se celebra la 44 Edición de la Feria del Libro de Málaga. Su ubicación vuelve a ser, como el año pasado, en El Palmeral de las Sorpresas en el Muelle 2.

Dicen los entendidos en ubicaciones estratégicas que ha sido un éxito el cambio, lo que menos importa es la tradición, y que las ventas de los libros se han multiplicado. Los libreros no están muy de acuerdo con las cifras, pues para ellos siguen siendo negativas, pero el enclave es perfecto, dicen, porque la gente ahora pasea por aquí y no por el parque. 

Yo era una de esas que desde pequeña paseaban por el parque e iban al encuentro de sus libros favoritos en las casetas que se montaban anualmente por estas fechas. Ahora paseo por el Palmeral buscando encontrar lo mismo. Aprecio el cambio, sin duda. El nuevo enclave es perfecto. Ahora, mientras echo un vistazo a las últimas novedades, a las viejas ediciones, y me pongo en cola para  que me firmen algún ejemplar, puedo ver el mar y no sólo olerlo. Sin duda, en estética hemos ganado. Observo la hilera de casetas blancas. Son  menos de las que quisiera. Y es cierto que la gente pasea, y se acerca, y pregunta algún precio, pero también es cierto que la mayoría se aleja sin un libro en sus manos, ni una creciente ilusión en sus ojos. Se asoman al nuevo escaparate, olisquean la brisa del mar, y siguen hacia adelante, como si la Feria del libro, no hubiera pasado. 

PAT Y PILAGÁN (1981)

Sólo puedes comprar un libro, así que elije bien. Mi padre me lleva de la mano a través del paseo del parque. Yo voy al trote. Ir a la Feria del Libro es como ir a La Cabalgata de Reyes. Hemos aparcado el coche junto a la Aduana. Es un edificio inmenso y gris y mi padre dice que hasta ahí llegaba el mar no hace mucho. Me quedo pensando y pregunto: ¿Y yo había nacido? No. ¿Y mamá había nacido? No. ¿Y tú? Tampoco. Entonces, sí que hace mucho. Me agarra fuerte de la mano y cruzamos. Huele a caca de caballo. Me tapo la nariz. Entramos en el parque de Málaga y mi padre me pregunta que por dónde quiero empezar. En vez de mirar los puestos repletos de libros miro a las palmeras. Son altísimas. Interminables. El viento  mueve sus hojas. Y más arriba, el cielo gris como la Aduana.  Tengo que darme prisa porque si empieza a llover cerrarán las casetas y no podemos venir otro día porque papá sólo descansa los domingos. Tiro de él hasta el primer puesto. Los libros para niños siempre están en una esquina, mi padre me aúpa y miro las portadas y después los títulos. No puedo comprarme un libro en el primer puesto en el que nos paramos porque entonces no veríamos el resto. ¿Para qué?, preguntaría mi padre, ya tienes uno, y no vamos a comprar más. Pero es que  a mí me gusta verlos todos. Y tocarlos. Y olerlos. Nos abrimos paso entre la gente y seguimos hasta el segundo puesto, y después vamos al tercero, al cuarto, y ya he visto al menos tres que me pueden gustar. Papá me señala un par de ellos y me dice: Esos parecen bonitos. No, digo con la cabeza. En realidad estoy esperando que el libro me llame. Pienso, y no se lo he dicho a papá, que son ellos los que te escogen. Empieza a chispear y nos acercamos a la penúltima caseta. Ya sé cuál quiero, digo. Señalo uno que sobresale entre el resto, en la portada un niño abraza a su perro. Yo siempre he querido un perro. No sé cuánto hay de elección por mi parte y cuánto de elección por parte del libro, pero es el que más alto ha gritado de entre todos. ¡Yo, yo, yo! Mi padre lo coge y lee el título en voz alta: Pat y Pilagán. ¿Estás segura? Sí, digo. Papá le da el dinero al librero y rechazamos la bolsa porque quiero llevarlo en la mano. Cuando llegamos al coche empieza a llover. Papá arranca y yo leo en voz alta: El día en que Pat y Pilagán debían encontrarse, el hijo del cazador tungús Leonid Vichun regresaba de la escuela con Vovka, su amigo ruso.


ORGULLO Y PREJUICIO, EL MOLINO JUNTO AL FLOSS Y LOS NOVIOS. (1989)

Me detengo en uno de los puestos, a la altura de la Aduana. Aunque hace fresco, el día es luminoso y el sol se filtra entre las hojas de las palmeras. Hasta aquí llegaba el mar antes, le digo al librero. Está esperando que le diga qué libro quiero. Parece impaciente porque tamborilea los dedos sobre un ejemplar de Madame Bovary. Podría haber sido cualquier otro libro, pero es justamente ese en el que se detiene a tamborilear su impaciencia. Niña, hay un montón de gente esperando. ¿Te acuerdas del título o no? No, no me acuerdo, le digo. Me dirijo al siguiente puesto. Y al otro. Y al otro. Hay tanta gente en el paseo del parque que parece el mercadillo de los domingos. Me detengo en un puesto que tiene ofertas. Libros a doscientas pesetas. Puedo comprar dos y me sobra para volver en autobús a casa. Las portadas no son muy llamativas y las tapas son tan blandas que sólo con mirarlas se doblan las esquinas. Leo las contraportadas de algunos y voy reservando los que me parecen haberme llamado. ¡Yo, yo, yo! Al final me decido por: Orgullo y Prejuicio, El molino junto al Floss y Los novios. Si te llevas los tres te hago descuento, dice el librero. De acuerdo, digo. Con los tres libros en una bolsa atravieso la ciudad a pie hasta llegar a mi casa. ¿No has cogido el bus?, pregunta mi madre. Le muestro la bolsa y una mueca en mi cara. Anda entra, dice. 


ÁLBUM DE FAMILIA (2009)

He pasado varias veces por delante del puesto de la librería que está a la altura de la Aduana, pero no me he parado hasta ahora que he visto hueco. Ahí está. En una esquinita. Lo veo. Es nuestro libro: álbum de familia. Sobresale debajo de Los pilares de la tierra. Lo cojo y lo pongo encima, para que se vea bien.  Le pregunto al librero cuánto cuesta, aunque ya sé el precio. Tres euros, dice. Me parece barato para tanto esfuerzo y tantas ilusiones concentradas dentro. Lo suelto donde estaba y observo la portada. Un poquito de nosotros está ahí. Detengo la mirada en la fotografía de mi padre. Está vestido de militar y lee una carta que le ha escrito a un compañero de la mili. Mi padre, al que no le gusta leer y que tantas veces me trajo a la Feria del libro, ahora está en la portada de uno de ellos. Y yo, oculta entre las letras de un relato. Fotografío el libro. El puesto. El librero. Cuando me alejo del puesto me doy la vuelta y observo. Alguien ha sentido su llamada. ¡Yo, yo, yo! Y uno de nuestros ejemplares se marcha a casa de un lector desconocido. Con estos pensamientos me pierdo entre los ríos de gente y al pararme en los distintos puestos me doy cuenta de que observo a los libros de otra manera, y que de repente,  su precio me parece irrisorio.


HACERSE EL MUERTO Y EL PRINCIPITO (2012)

Mucho cuidado con los cuentistas, advierte Andrés Neuman desde el Quiosco de la Música, en pleno Paseo del Salón. Leer multiplica nuestro tiempo, lo fabrica de nuevo para nosotros. Nos permite ir y venir, rebobinar y adelantar nuestra memoria, ser este y ser el otro sin siquiera movernos de la butaca o del asiento del autobús. Después de oír el pregón que da apertura a la Feria del libro de Granada me acerco al primero de los puestos. Un librero, que dice ser del Perú, reclama mi atención ofreciéndome un libro que dice saber que no rechazaré. Me intriga. Los libros que vende son diminutos. Caben en la palma de la mano y asegura que el tamaño no ha hecho que una sola coma se quede fuera de él. Lo hojeo y decido quedármelo. Una joya como El Principito no se puede rechazar así como así. Cuando llego a la caseta donde Andrés Neuman firma ejemplares de su libro Hacerse el muerto, me pongo en cola para despedirme antes de volver a Málaga. Andrés me invita a quedarme. Me hace hueco en la mesa, pide una silla y un refresco y me siento a su lado. Todos los que se acercan a por su dedicatoria me saludan como si me conocieran. Es extraño estar al otro lado, pero me gusta. Miro a Andrés. Nos sonreímos. 



(…) 2013 / 2014.

La gente pasea por el Palmeral de Las Sorpresas. Año 2013, ó 2014, qué más da. Se acercan a las casetas y, de la misma manera, se alejan y continúan su paseo. La mayoría no escucha la llamada de los libros. Tal vez sea el rumor del mar en calma, pienso. Si es que es capaz de rumorear el mar cuando está quieto. 


Esta entrada fue publicada por mí en el blog de Punto y seguido el 09 de Mayo de 2014. Si queréis leer otras de mis entradas en dicho blog en el que participo asiduamente, pinchad en el siguiente enlace: PINCHA AQUÍ



I.M.G.


lunes, 28 de enero de 2013

Andrés Neuman y Jane Austen : Mashup

ORGULLO Y PREJUICIO    O  HABLAR SOLOS  : 28 DE ENERO DE 2013

El 28 de Enero de 1813, Thomas Egerton publicó la primera edición de Orgullo y Prejuicio, de la escritora Jane Austen. 

Orgullo y Prejuicio 1ª Edición

El 28 de Enero de 1977, nació en Buenos Aires, el narrador, poeta, traductor, bloguero, columnista y amigo, Andrés Neuman, y hoy por su cumpleaños, le comentaba que le regalaría mi primera entrada del año en mi blog, y que trataría de hacer una especie de mashup, con el bicentenario de la publicación de mi libro favorito. (Discúlpame Andrés, por lo que no sé si sabré hacer, pero con todo mi cariño, sin duda). 
Andrés Neuman

El 28 de Enero de 2013, la que escribe, tratará de aunar ambos eventos en un mismo homenaje. No puedo ser objetiva con ninguno de los dos, ni con Andrés, ni con Jane, y si me apuran, ni con los mismísimos Lizzy Bennet o Fitzwilliam Darcy. Siempre es difícil escribir sobre las debilidades de una, pero que no se diga que no lo he intentado, a mi manera. 


mashup I.M.G.
Conocí a Andrés Neuman por casualidad, ¿no es así, enmedio de una coincidencia, tal vez absurda o vanal, que conocemos a las personas que están destinadas a ser alguien importante en nuestras vidas? Lo de Jane fue así, tal cual lo cuento, lo mismito que con Andrés, pura y absoluta, o absurda, casualidad. Lo que sin duda afirmo es que no fue un 28 de Enero. Ambos me cambiaron la vida para bien, a través de la literatura primero, y a través de algo más profundo después, pero ponérmela patas arriba, me la pusieron, de eso no hay duda, y no, tampoco fue un 28 de enero. 

Ya he contado alguna vez lo de Jane Austen, también lo de Andrés, pero quiero hacer un breve repaso, por recordar, por enlazar, por rellenar hueco, no sé. Tal vez estaba pensado desde un principio y me gusta jugar al despiste, o tal vez, como puede verse, improviso sobre la marcha: 

No recuerdo el año en que supe por primera vez de Jane Austen. Caminaba por el parque de Málaga, con poco más que unos duros en el bolsillo, buscando el regalo ideal, (barato pero ideal), de Reyes, para la que era una de mis mejores amigas. Siempre ponían una pequeña feria del libro en fechas navideñas. Me paré en el stand de los libros baratos, los más baratos. Portada ñoña. Hojas raposas. Interlineado prácticamente inexistente. Letras juntas y de tamaño pequeño. Pero la contraportada era una maravilla, hablaba de una historia en la época georgiana, en la que había orgullo, prejuicios, y se reflejaba la sociedad inglesa de la época, asimismo encumbraban a su autora, cuyo nombre me era absolutamente desconocido y según ponía, sir Walter Scott, de quien sí había oído hablar, alababa su toque exquisito y Rudyard Kipling, escribió: cuanto más la leo más la admiro y respeto y reverencio. Me convenció. Valía seguramente más que el dinero que iba a pagar por él. Escribí una dedicatoria cursi, (tenía yo unos quince ó dieciséis años, no sé si más, y ya apuntaba maneras en cursilería), y lo envolví y lo regalé, sin más. Unos meses más tarde, corría Semana Santa, mi amiga me contó que había empezado a leer el libro y que no podía dejar de leerlo. Caminábamos hacia el centro, para ir de procesiones, mientras mi amiga me relataba el libro de Jane Austen. Así fue mi primera toma de contacto. No fue leído. Fue narrado. Por aquella vieja amiga. Aún puedo oírla. Con claridad, a pesar de los años. Tardé unos meses aún en tener el mío propio. Y después de él llegaron los demás. Uno tras otro. Leídos y releídos una y otra vez, hasta convertirme no en experta, pero sí en amante de las letras escritas por Jane Austen, aunque sobre todo de Orgullo y Prejuicio, (tengo al menos 7 ejemplares distintos, en inglés y español, hay quienes me preguntan que para qué tantos, si todos cuentan la misma historia. Yo digo que esas cosas no se explican, se sienten, y punto). Ese fue el principio, pero no lo mejor, lo mejor quedaba aún por llegar. 


Habitación de Jane Austen en Chawton (Alton)
Sobre la chimenea mis fotos con:
El escritorio de Jane Austen, (sobre el que escribió Orgullo y Prejuicio),
y una de mis últimas fotos con Andrés Neuman, (diciembre 2012)

Lo de Andrés no es lo mismo. Aunque también el azar lo cruzó en mi destino. Me marchaba de finde literario con mi grupo Puntoyseguido a un hotelito en Castellar de la Frontera (Cádiz), y tenía que llevar un relato de un autor contemporáneo y que no conociéramos. Esta vez en vez de buscar en una feria del libro antiguo, me puse a buscar en la feria del libro moderno: internet. Leí mucha morralla. Nada me convencía, hasta que alguien hablaba de un relato que lo había maravillado y que consideraba que era el mejor relato de ese año. El relato se llamaba Una raya en la arena, del libro de relatos Alumbramiento (Páginas de Espuma), y el autor Andrés Neuman. No busqué su imagen, ni su edad, nada, sólo imprimí aquel relato y lo leí en el patio del hotel, a la luz de un mediodía soleado del mes de marzo de 2009. Desmembramos el relato. Le dimos la justa importancia. Gustó. Dos meses más tarde, uno de mis compañeros nos contaba que acababan de darle el premio Alfaguara a Andrés Neuman. Entonces fue cuando empecé a buscar datos sobre él, y me compré mi libro de Alumbramiento y desmembré cada uno de sus relatos. El 11 de Febrero de 2010, nos conocimos en la FNAC de Málaga. Ese día comenzó historia de nuestra amistad y de nuestra colección de fotografías. Y por supuesto, como en el caso de Jane Austen, ese sólo fue el principio, lo mejor, sin duda, estaba por llegar. 

Lo que ha llegado, en ambos casos, roza lo personal, (evidentemente a Jane Austen no la conocí, ni en este ni en otro siglo, aunque esto último, a veces lo dudo yo, y otras quienes me rodean), por lo que no voy a entrar en detalles, ni a enumerar encuentros o desencuentros, ni a contar que tengo todos los libros de ambos autores, los de Neuman firmados, los de Jane pendientes, (y así quedarán), ni bla, bla, bla, pero sí que el día que conocí a Andrés Neuman, él nombró a Jane Austen, y a Charlotte Brontë y a mis heroínas de las épocas "antañas", (como dice un amigo mío), inglesas. Y fue ahí que se creó el primer vínculo entre nosotros, entre los tres, el primer mashup, un 11 de febrero, cumpleaños de uno de mis mejores amigos, si es que las fechas y las casualidades se empeñan en coincidir, una tras otra, en mi vida, y así no hay quien escriba nada claro. Andrés presentaba su libro El viajero del siglo, el día que nos conocimos, y habló, durante gran parte de la presentación, de todo lo que había leído de mis grandes autoras, de las películas victorianas, de las adaptaciones de las novelas que tanto me gustaban, etc, y de repente surgió. Surgió ahí el vínculo. El mashup que vengo a recordar hoy, cuando por casualidad, una fecha vuelve a unirnos a los tres: A Jane, a Andrés y a mí. ¿Significará algo? No sé, coincidencias, ¿supongo?

El homenaje en sí, es hablar de ellos este día. Sin duda, de Hablar solos, el último libro de Andrés Neuman, hablaré largo y tendido en una próxima entrada, dedicada sólo a su gran obra. Hacía tiempo que no me gustaba tanto un libro, que no me llenaba tanto, sin duda, Andrés, me hizo un gran regalo, al poner una de nuestras fotos en la solapa y dedicármela como un regalo travieso. Él sabía lo que ese libro llegaría a ser para mí. Uno de mis favoritos, sin duda, como Orgullo y Prejuicio, aunque nada tengan que ver. ¿No tienen nada que ver? No. ¿No? Ahí lo dejo. 


Un abrazo para Andrés, (sin duda, un homenaje en tu cumpleaños, flojo, discreto, gris tal vez, increíblemente absurdo en comparación con lo que imaginé. Me pido la revancha a mí misma. Y amenazo con volver, tal vez, para la fecha en que nos conocimos. Igual estoy más lúcida que hoy. 

Jane, gracias por aquel Primeras Impresiones que llegó a ser Orgullo y Prejuicio, gracias por todos los viajes, por la acogida en tus casas, por la gente que conocí y que he llegado a querer gracias a ti. 

Tocado por la gracia, dicen de Andrés Neuman. Tocada por la gracia, escribieron de Jane Austen. 
¿Casualidad? No sé si fue un 28 de enero o no, pero podría ser. 




I.M.G. 
@isamerino