martes, 21 de septiembre de 2010

Chawton Cottage (III)

Copyright. (Imágenes tomadas por Isabel Merino en Chawton (Hampshire). 09/04/2009).


El día había amanecido lluvioso. Frente a la casa de Jane Austen, antes de entrar, antes de que ocurriera lo que os he ido contando, repasaba en mi memoria los comienzos de esta relación escritora-lectora. Ahí, parada junto al poste que señala hacia su casa, con los ladrillos rojos del edificio reflejado en mis pupilas oscuras y con las anécdotas encerradas en el puño que aprieta el mango del paraguas, sentí un atisbo de orgullo, también de prejuicio, de sentido y sensibilidad. Me dejé persuadir por el verde casi fluorescente de la campiña inglesa de Hampshire, busqué una Abadía de Northanger en los alrededores, un Mansfield Park, a alguna Emma que paseara del brazo de un tal Sr. Knightley y hasta a una tal Lady Susan que vive en el mismo libro que los Watson o Sanditon. Pensé en la historia de Inglaterra. Y luego me decidí a entrar, atravesando el camino de tulipanes, salteando bancos de madera, saludando a Caroline, como os he contado, releyendo las frases que viajan conmigo a todos lados. Sin duda mi favorita es la más famosa de todas, con la que comienza ese libro favorito de tod@s nosotr@s que alguna vez se tuvo otro título que no lo definía de una manera tan eficaz y directa.


Paseaba por la calle Eugenio Gross, no acierto a calcular mi edad, pero sí que puede hacer unos veinte años, mi amiga me contaba la historia del libro que yo le había regalado. Orgullo y Prejuicio. (Fue un libro escogido al azar, de una autora, que entonces no conocía). Lo que vi en sus ojos mientras me lo contaba, se queda para mí. Sí sé que me contagió aquel entusiasmo por los Bennet y por Darcy, y que cada día le pedía que me contase más. Cuando lo terminó, me tocó el turno. Ahí nace mi historia de amor con Orgullo y Prejuicio, con Jane Austen. No voy a contar cómo fue mi primera lectura, pero sí que me trajo hasta el día de hoy. Hasta el día en que pisé Chawton, el 09 de Abril de 2009. Cada vez que empiezo a leer Orgullo y Prejuicio, del que tengo varios ejemplares tanto en español como en inglés, sin querer me voy a aquel tramo de la Calle Eugenio Gross y vuelvo a mirar la sonrisa y los ojos de mi amiga: BRILLAN.

El rizo de Jane Austen. Un rizo. El rizo. Jane Austen. Nada más cruzar el umbral que separa la habitación de entrada, que algún día debió ser un salón, con el pasillo que lleva al resto de la casa, al mundo de Jane, su madre y su hermana. Alguna vez al de su hermano. Alguna vez al de alguna invitada. Siempre al de Jane Austen. Ese rizo que apartó alguna vez con su mano, sin querer, tal vez queriendo, a la vez que sujetándolo contra la frente o bajo un gorrito de época, tal vez peinado continuamente o despeinado al viento, seguramente intruso entre sus pestañas o sus lacrimales, haciéndola derramar alguna lagrima sobre uno de sus manuscritos. Tal vez un rizo rebelde, tal vez uno más entre tantos. El único superviviente. Admirado por algún pretendiente. Odiado por algún otro. Apartado por la mano de Cassandra. Impregnado de escarcha o sudor. Rizado, envolviendo los dedos que no escriben ni aprietan la pluma, creando ideas, observando cómo se crea un libro perdurable. Perteneciente a su autora. Olvidado tal vez. Recortado por un tijeretazo de una sobrina, de un hermano, por ella misma frente al espejo. Nada de esto se sabe, puede ser todo o nada, pero ahí está. A la vista de todos. Al entrar. El rizo de Jane Austen.



Toda una pared repleta de objetos personales, un colgante, una hoja manuscrita, una pequeña biografía, un árbol genalógico... Atenta mi mirada a todos los objetos, pegada mi nariz al cristal, tratando, cual esponja, de absorber todo, de intimar con cualquier cosa que ven mis ojos. Es un pasillo, estrecho. Una puerta con una fotografía de Colin Firth está a medio cerrar. Miro a Darcy. Al Darcy de los ingleses. No aceptan otro, ni siquiera a Matthew McFayden de la película del 2005. Colin es su Darcy y lo demuestran así. Con la presencia de esa fotografía en la propia casa de la autora que le dio vida al personaje masculino más deseado de todos los tiempos por mujeres como yo. Me bebo a sorbos los cuadros de las paredes. Los paladeo. Toda información es poca, toda útil, toda equilibra mis constantes. Trato de apresurarme hacia la sala donde sé que me espera el objeto más preciado y más soñado por conocer. Si no puede ser Jane, tiene que ser esa mesa sobre la que escribió y reescribió sus obras. Y me asomo al final del pasillo, y observo de un tirón la sala, pulcramente decorada como debió estarlo en época de Jane. Cientos de ojos se clavan en mí. Los criados, los Austen, los personajes de los libros, todos. Sobre mí. Todos. Y yo sólo miro al fondo, a la esquina, sobre la mesa del comedor, sobre el mantel, sobre los cubiertos y platos, junto a la ventana, más allá de la chimenea, delante de una librería, apenas alumbrada por el día. Allí, bajo un poster de Jane Austen, rodeada por un cristal, apoyada una pluma sobre ella, rayada, vieja, pulcra, con las huellas de Jane marcadas en su costado, allí está: SU MESA.


Contemplarla es todo un relato, toda una entrada, todo un viaje. Os invito a verla. Os dejo una de las tantas fotografías que pude hacerle. No seguiré hablando o escribiendo. En este, como en muchos otros casos, cuando hablamos de Jane, a veces, si no puede ser descrito el momento como ella lo haría, es mejor dejar trabajar sólo a la vista y a la imaginación de cada uno. Por lo tanto este es uno de esos momentos en que debo utilizar una frase manida, y no por ello menos cierta: Una imagen vale más que mil palabras.


Orgullo y Prejuicio, Sentido y Sensibilidad, Emma, Mansfield Park, Persuasión y La abadía de Northanger. Sus grandes obras. Todas escritas y/o reescritas sobre esta mesa. Amén del resto de sus obras, hoy día publicadas, que o no fueron revisadas o no fueron finalizadas, debido a su repentina muerte. Momento de silencio. Sssshhhhh. Aquí está la estrella de esta entrada:






To be continued....



Imágenes tomadas en Chawton (Hampshire), el 09/04/2009 por Isabel Merino.



I.M.G.

8 comentarios:

  1. Isa,
    It was lovely to meet you! Get well soon!
    I hope you come to England another day so we can meet again.
    Take care,
    Jane x

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  3. Jane, thank you. I´m so sorry I couldn´t say goodbye, but I was to the health center because I felt bad, my face grew up so much. Definetely I have mumps, so I´m at home to recuperate myself.
    It was wonderful met you and Victoria. I´m travelling to London in a few weeks, I´ll tell you so We can see each other for a cup or tea or so. I´ll send you Bath photos. It was great. The Promenade was fantastic, like a dream, like a movie, like living in Jane Austen time (age).
    Thanks so much for you kind words.

    See you soon.

    Kisses

    Isa

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  4. Isa, me dejas de piedra.

    ¡Dios mío, un rizo! ¡Qué fuerte! nena, que se me sale el corazón. ¡Y era rubia! jajajajjaa no es que tenga nada contra ellas, pero no me la imaginaba rubia. Y esa mesa...Dios santo. Espera que respire.
    Seguiré escribiendo en el próximo post, que me ahogo.

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  5. Querida Isa, como siempre, sabes la emoción que me embarga cada vez que entro a tu pequeño Cottage para leer tu propia aventura austeniana. Tú que amas a Jane, serás consciente de las mariposas que revolotean en mi estómago, del agitado bombeo de mi corazón y de la lectura voraz que exigen mis ojos ante estas letras...

    Ese rizo de la gran maestra (confieso que imaginaba su cabello de un tono castaño oscuro, a Cassandra sí la hacía más rubia), rizo que seguramente recolocaría por detrás de la oreja en sus habituales paseos campestres, rizo que acariciaría algún enamorado furtivo, solicitándole ser cortado en un extremo para guardar por siempre en un viejo reloj de bolsillo, rizo que ondearía al viento mecido por la fresca brisa de la campiña...

    ¡Y esa mesa! Tan desgastada y raída, testigo mudo del paso del tiempo, manto donde la gran maestra engendraría todas sus maravillosas historias de damas y caballeros de Regencia. ¡Con el tintero y la pluma...! ¡Cuantas veces la gran señora tamborilearía con sus deditos emborronados de tinta mientras esperaba la inspiración...!

    Oooh Isa , permíteme decirte que te estimo muchísimo por compartir esto. Para mí es un sueño que espero cumplir pronto (ir en persona a Inglaterra para sentir esa magia de Chawton Cottage) mientras tanto GRACIAS GRACIAS GRACIAS

    I love you jajajajjajaja

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  6. Qué placer el estar en esos lugares donde vivió Jane Austen!
    Y esa mesa! Las historias que habrá presenciado bajo la pluma de Jane y que tal vez ella desechó...lástima que no hable.
    Saludos.

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  7. Me alegra mucho leer vuestros comentarios, así me entran ganas de seguir escribiendo, viendo vuestro interés. Hasta ahora había disfrutado estas cosas yo sola, reviviendo los momentos en mi cabeza, viendo las fotos una y otra vez a lo largo de los días... pero el compartirlo con vosotras, que sentis el mismo placer que yo al admirarlas, es fantástico. Sin duda seguiré haciéndolo.
    Yo tampoco imaginaba que el pelo de Jane Austen fuese de ese color entre el rubio y el castaño claro, más que nada porque el fiel retrato que le hizo Cassandra nos la muestra casi morena o de un color castaño oscuro. También pienso que el paso del tiempo, tal vez, ha aclarado ese rizo suelto, o tal vez el paso del tiempo y el lugar donde se mantuviera, pues alguien debió de guardarlo antes de donarlo al museo de Chawton.
    En cuanto a la mesa... ahí me quedo sin palabras. Me interesa mucho dónde escriben los escritores sus grandes obras maestras. Recuerdo cuando visité la casa de Lorca en compañía de mis compañeros de puntoyseguido y me quedé absorta delante de su escritorio, donde escribió sus más grandes obras de teatro. Un escritorio rudo, de madera, y un poster sobre él de su compañía de teatro, La Barraca. Entre esta mesa y la de Jane Austen, me di cuenta de que no importa dónde se escriba. El talento es lo importante y la genialidad se desborda por la pluma en cualquier lugar donde el escritor la pose. Hace tiempo que dejé de escribir a mano, pero también tengo mis manías y sólo me concentro sobre mi escritorio, y sobre mi teclado. Jamás llegaré adonde llegaron ellos, pero a veces, cuando me concentro y escribo un relato, pienso en que así debieron de concentrarse ellos... sobre sus mesitas... con las mismas dudas, con el mismo tiempo parado frente a sus ojos a veces febriles... no sé... yo me maravillo ante estas cosas.
    Esa mesa es parte de Jane Austen y es emocionante estar cerca de ella, acercar el oido y escuchar cómo laten sus recuerdos.

    Besitos y gracias a vosotras por acompañarme en estos paseos.

    Isa Merino (casi curada de sus paperas)

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